Un plan que nació de una frase llena de escepticismo
La iniciativa rusa surgió de una respuesta de John Kerry en Londres, sobre si Al Assad aún podía hacer algo para impedir un ataque.
Kerry contestó: “Por supuesto: podría entregar hasta el último pedazo de sus armas químicas a la comunidad internacional en la próxima semana. Entregarlo todo, sin dilación y permitiendo un recuento completo”. Aunque de inmediato añadió que “eso no va a ocurrir”, la iniciativa ya había sido puesta en circulación.
Todavía en Londres, los asesores de Kerry aclararon que la mención de su jefe había sido “retórica” e improvisada. Luego, en Washington, el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, sostuvo que Kerry había hablado “hipotéticamente”.
En cualquier caso, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, no perdió tiempo en convocar de urgencia a la prensa para anunciar que su país estaba dispuesto a presionar a Siria. El propio ministro de Exteriores sirio, Walid al Moallem, tras una reunión con Lavrov, dio por “bienvenida” la propuesta y Ban ki-Moon se ofreció a respaldarla en el Consejo de Seguridad.

