Un mar de indiferencia
El drama de Lampedusa. La tragedia.
Lampedusa fue elegida hace casi tres meses por Francisco como destino de su primer viaje fuera de la Italia continental. Su visita, cargada de simbolismo, incluyó un rezo compartido con migrantes africanos, una ofrenda floral arrojada al mar en homenaje a quienes dejaron truncos en él sueños y vida, y un mensaje al mundo entero para que dejara de lado su indiferencia cómplice ante la tragedia y se hiciera cargo de tantas muertes injustas. Ayer, el Papa usó la palabra "vergüenza" para aludir al "enésimo trágico naufragio", al orar por los que sobrevivieron y por los que se tragó el Mediterráneo y, antes que él, la calamidad de la guerra o de la iniquidad social.Esta vez la magnitud de la tragedia, por su costo en vidas humanas, devolvió la mirada del mundo a esta pequeña isla, más africana que europea, que pueblan cinco mil personas y a la que otras decenas de miles han intentado alcanzar en los últimos años en busca de una vida mejor. Claro que muchas de ellas (ocho mil desde 1990, según el diario El País ) nunca pisaron ese primer mojón europeo, convertido en el puerto de los desesperados.El recuento de la atestada embarcación que se incendió ayer en la madrugada cifró en más de 200 las víctimas fatales y en más de 100 los desaparecidos. Habían partido de Libia y provenían de Somalía y Eritrea. Pero los protagonistas de la fatal historia pudieron ser otros 463 migrantes, que arribaron poco antes a Lampedusa huyendo de la guerra en Siria. Estos tuvieron mejor suerte que los del naufragio y que otros 13 eritreos ahogados el último día de septiembre frente a las costas de Sicilia.Si los migrantes desaparecidos no suman decenas, pareciera que los naufragios no llaman la atención. Quizá hastiada por la indolencia general, la alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, invitó ayer al primer ministro Enrico Letta a viajar a la isla para "mirar el horror a la cara" y contar juntos los muertos del mar.Un mar que baña territorios de guerra y hambre y también costas de lujo y opulencia. Que fue cuna de civilizaciones y hoy atestigua la indiferencia global que repugnó al Pontífice.

