¿Un divorcio doloroso o un matrimonio de conveniencia?
La pregunta que titula estas líneas no alude a una institución que mucho ha mutado con los años, ni tiene que ver con la simbólica ceremonia de una veintena de parejas que dieron el “sí” en la mismísima Basílica de San Pedro y con la bendición del papa Francisco.
L a pregunta que titula estas líneas no alude a una institución que mucho ha mutado con los años, ni tiene que ver con la simbólica ceremonia de una veintena de parejas que dieron el "sí" en la mismísima Basílica de San Pedro y con la bendición del papa Francisco. De lo que aquí se trata es de uniones o separaciones políticas, territoriales, económicas y sociales de entidades que hasta ahora conformaron un mismo Estado, o que fueron parte de un mismo reino. La analogía fue planteada por el primer ministro de Gran Bretaña, el conservador David Cameron, quien en su última visita a Escocia antes del referéndum de mañana por la independencia, se pareció bastante a un marido autoritario que, despechado, profiere todo tipo de promesas, primero, y amenazas, después, a quien está a punto de decir si sigue con él o lo abandona. "El triunfo del Sí en la consulta será el fin del Reino Unido… será un divorcio doloroso", dijo Cameron, en una abierta campaña por el No a la que adornó con ofertas de una "nueva relación" y múltiples augurios de cambio tendientes a aggiornar el Acta de Unión sellada por Escocia con Inglaterra en 1707. Pantalones y polleras Pero por si acaso la otra parte no se hubiera convencido de los beneficios de mantener la unión con vida tres siglos después, el premier conservador trató de mostrar quién lleva los pantalones (cosa que a la mayoría de los escoceses tiene sin cuidado) en esta historia. Así, desató una andanada de vaticinios terribles de lo que podría acontecer a los escoceses si mañana las urnas dan el aval a la separación. Desde quedarse sin moneda (Londres les vetaría seguir usando la libra) y sin bancos hasta perder un pasaporte de primera clase; desde tropezar con la incomodidad de cruces fronterizos y aduanas hasta no tener recursos para subsistir de forma independiente. Faltó decirles que se quedaría con el auto, la casa y no les dejaría ver a los chicos al premier que buscará su reelección en 2015, y quien propone un referéndum en 2017 para que los británicos (añora que todos juntos aún) decidan si quieren o no estar en la Unión Europea (UE). Por lo pronto, Alex Salmond, ministro principal de Escocia y uno de los impulsores del Sí, pidió a Cameron que baje su tono alarmista y afronte los resultados de este jueves, sean cuales fueren.Claro que, más allá de las amenazas del primer ministro conservador, no son pocos los que ven en la economía el principal escollo para una Escocia independiente. El usufructo de la riqueza hidrocarburífera del Mar del Norte no sería suficiente para atender urgencias de quien tampoco se sabe si será acogido o no por la UE como nuevo miembro pleno.El economista Paul Krugman advertía en The New York Times a quienes se entusiasmaron con el crecimiento del Sí en los sondeos previos: "Pueden pensar que Escocia habrá de convertirse en otra Canadá, pero es mucho más probable que termine convirtiéndose en una España sin el sol".En cualquier caso, hay quienes creen que, aunque mañana el No impida que la sangre llegue al Támesis, los defensores de la independencia de Escocia ya ganaron la batalla. Atentos y expectantes al sur Lejos de Edimburgo o Glasgow, en la otra punta de Europa, España en general y Cataluña en particular estarán pendientes de lo que suceda al norte. Aun cuando –como dijo a este diario el empresario catalán Albert Pont Serrano– los procesos son diferentes y las realidades también, Cataluña convirtió su Diada del 11 de septiembre en una espectacular reivindicación en las calles de Barcelona de una soberanía perdida por las armas tres siglos atrás. Después de ver tamaña manifestación en la ciudad condal, con las banderas de cuatro barras, senyeras y esteladas, el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, también apeló a la estrategia del palo y la zanahoria. Como en tiempos en que su conservador Partido Popular (PP) o el Partido Socialista Obrero Español (Psoe) necesitaron de los preciados votos de Convergencia i Unió para formar gobierno o aprobar leyes en el Congreso, Rajoy ofreció más autonomía y poder a la que se precia de ser la región más rica y productiva.Pero esas negociaciones, tan bien capitalizadas en su momento por Jordi Pujol –el presidente de la Generalitat al que le estallaron escándalos de corrupción propios y familiares–, no seducen hoy a quienes prefieren ser independientes a convivir con Madrid en el reino de Felipe. Y entre esos independentistas quizá no cuente el actual gobernante catalán, Artur Mas, a quien Rajoy amenaza con un fallo del Tribunal Constitucional si, finalmente, se anima a convocar la consulta de Catalunya (sin eñe) para el 9 de noviembre."Divorcio doloroso" fue la metáfora de Cameron para intentar prolongar un matrimonio de conveniencia. Ser o no ser, esa es la cuestión para otros que ven en la patria mucho más que ocasionales altares.

