Un camino lleno de encrucijadas
En su defensa, Dilma aludió a la corrupción como una vieja señora que habita Brasil desde hace tiempo. Pero la metáfora –aunque certera– sólo enervó más a sus detractores.
A sólo 75 días de haber asumido su segundo mandato como presidenta de Brasil, Dilma Rousseff afrontó un fin de semana enmarcado por manifestaciones de diverso signo y motivación. Las movilizaciones más multitudinarias ocurrieron el domingo, día en que se mezclaron consignas contra la propia mandataria, su Partido de los Trabajadores (PT), la corrupción, la clase política y hasta contra la democracia, de cuya recuperación, paradójicamente, ese día se cumplían 30 años. Pero no fue la única paradoja que dejó en evidencia este fin de semana. El viernes pasado, sectores del PT, de sindicatos afines al gobierno y movimientos sociales que le reconocen sus logros en estos 12 años, expresaron su respaldo a la jefa de Estado frente a los reclamos de destitución que se potenciarían dos días después. Pero ese aval no disimuló inquietudes y fastidios. Y es que en filas del PT, que se movilizaron para llegar a una apretada reelección de Dilma en el balotaje de octubre del año pasado, se reivindicó la legitimidad de la mandataria pero con igual énfasis se cuestionaron los planes de ajuste que el nuevo ministro de Economía, Joaquim Levy, pidió que se aprueben con celeridad, y que la propia presidenta considera clave para salir de la crisis. Así, la movilización de apoyo desnudó temores entre quienes votaron por Dilma a que los ajustes para controlar el déficit fiscal, bajar inflación e impulsar el estancado crecimiento acaben por afectar conquistas sociales que la mandataria prometió no tocar. Claro que a Rousseff le esperaban mucho más que planteos internos o disgustos de su base de apoyo. El domingo, cientos de miles de brasileños acentuaron su perfil opositor a la presidenta y se unieron bajo una convocatoria difusa y consignas con disímil fundamento. El Instituto Datafolha, que cifró en unas 210 mil las personas congregadas en San Pablo (epicentro de las manifestaciones), trazó una radiografía de esa marcha. Según el relevamiento, el 74 por ciento de quienes acudieron a la protesta dijo que se manifestaba por primera vez y un 82 por ciento afirmó haber votado por el senador opositor Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) en el segundo turno de 2014. En cuanto a las motivaciones para marchar, un 39 por ciento dijo que salió a la calle contra la corrupción en la empresa Petrobras; un 27 por ciento fue a pedir la destitución o impeachment de la presidenta; un 20 se expresó contra el PT, y un 14 por ciento a repudiar a la clase política en general. Nadie en este segmento pareció muy preocupado por futuros ajustes. El tercer turno y otras voces El escándalo del Lava Jato (nombre dado a la trama de negociados con la petrolera) golpea al PT y a sus aliados de derecha del Partido Popular (PP) y del conservador Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, del vicepresidente Michel Temer), pero también a opositores y a empresarios. Y ayer trascendió el desvío de fondos en la Caixa Económica Federal, segundo banco público, lo que augura más denuncias. En su defensa, Dilma aludió a la corrupción como una vieja señora que habita Brasil desde hace mucho tiempo. Pero la metáfora –aunque certera– sólo enervó más a sus detractores.La presidenta –que la semana pasada había advertido que no habría "tercer turno", en alusión a la ofensiva opositora en su contra lanzada en noviembre del año pasado– adoptó el lunes una postura más conciliadora, al sostener que en democracia se respeta la voz de las urnas y de las calles. En su invitación al diálogo, Dilma pensaría en millones de brasileños ganados por un clima de insatisfacción o incertidumbre que el oficialismo juzga exagerados; no en los intransigentes que quieren verla a ella y al PT fuera del Palacio del Planalto. Tampoco esperaría gestos de la arcaica derecha que enarboló banderas a favor de una intervención militar, sostenidas por manos de jóvenes sin edad suficiente como para haber vivido lo que costó recuperar la democracia por estos lares. El segundo mandato de Dilma se inició el 1° de enero, lleno de obstáculos, aunque las encrucijadas se vislumbraban en su camino mucho antes.

