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Un árbol para tapar el bosque

Los problemas del ­gobierno de Barack Obama quedaron bajo la sombra del ataque a Siria.

07 de septiembre de 2013 a las 02:16 p. m.
Redacción La Voz
Un árbol para tapar el bosque

Nada más eficaz que un prolongado anuncio de guerra para desatar una amnesia general y borrar de la agenda, o al menos minimizar, todas las demás cuestiones 
que irritan al gobierno de Barack Obama. Desde las revelaciones sobre el espionaje mundial hasta los estancados diálogos de paz entre israelíes y palestinos; desde la prometida y postergada reforma migratoria hasta el Irak de la posocupación, que se hunde otra vez en la violencia, todo quedó bajo la hermética sombra del bombardeo a Siria.

Ya pocos se preguntan qué fue de Eduard Snowden, el exagente de la CIA que reveló el perturbador programa de vigilancia del gobierno estadounidense y que permanece refugiado en Rusia desde agosto. “No tengo ni idea de lo que hará ahora, pero está claro que no vamos a entregarlo. Aquí se puede sentir seguro”, aseguró el miércoles el presidente ruso, Vladimir Putin, ante los pedidos de extradición de Washington, que ­paradójicamente lo acusa 
de espionaje.

Snowden permanece oculto en Rusia, pero sus revelaciones siguen desatando tensión internacional. El último capítulo de esta saga lo protagoniza la presidenta brasileña, Dilma Roussef, cuyas llamadas telefónicas, correos electrónicos y mensajes por ­celular habrían sido espiados por el Pentágono. El escándalo sólo se resarcirá con explicaciones de Obama, advierte ahora la mandataria brasileña, que a su vez decidió darle protección policial al periodista estadounidense Glenn Greenwald, quien vive en Río de Janeiro y dio a conocer al mundo las filtraciones de Snowden.

Mientras Brasil muestra que no está a favor de castigar al mensajero cuando la importancia está en el mensaje revelado, en Estados Unidos el exsoldado condenado en agosto a 35 años de prisión por filtrar 700 mil documentos clasificados busca el perdón presidencial.

Bradley Manning, quien quiere convertirse en mujer y ser llamado Chelsea mientras cumple su sentencia, le escribió a Obama esta semana: “Las decisiones que tomé en 2010 fueron a partir de una preocupación por mi país y por el mundo en que vivimos (…). Si rechaza mi perdón cumpliré mi tiempo sabiendo que a veces hay que pagar un alto precio para vivir en una sociedad libre”.

Sin progresos

Los diálogos de paz entre israelíes y palestinos fueron anunciados con ostentación a fines de julio por Washington, principal promotor de ­este nuevo intento por sellar la ansiada paz en Medio Oriente. Sin embargo, varios responsables palestinos lamentaron esta semana la ausencia de implicación directa de Estados Unidos en las conversaciones.

“Hasta ahora, no hubo progresos”, reveló Yaser Abed Rabo, negociador de la Organización para la Liberación de Palestina. Cada vez se desvanece más el deseo de Obama de ser recordado como el hacedor de la paz en la región; ­cada vez se demarca mejor su imagen de presidente que enterrará a su país en otro conflicto bélico en Medio Oriente.

Se trata del mismo presidente que en diciembre de 2011 retiró al último soldado estadounidense que quedaba en Irak, lo que puso fin a una intervención de nueve años en el país asiático. En ese momento, Obama habló de “logros extraordinarios”, pero hoy los iraquíes sufren otra escalada de violencia que, sólo el mes pa­sado, dejó más de 800 muertos, según la ONU. En lo que va del año, ya son más de cinco mil las víctimas fatales.

Los atentados no dejan de multiplicarse ­desde que el gobierno controlado por chiítas reprimió en abril un campamento de protesta de sunitas. Pero en este rebrote de violencia también tienen que ver el 50 por ciento de desocupación, las dos millones de viudas y el 75 por ciento de chicos que dejaron de ir a la escuela por culpa de la guerra.

En el plano local estadounidense, entre 
los principales afectados por la omnipresencia del asunto sirio se cuentan los 11 millones de inmigrantes ilegales que esperan la aprobación de la reforma migratoria prometida por Obama.

En junio, el Senado dio luz verde a su proyecto de ley que regularizaría a los indocumentados. Durante las vacaciones, los republicanos debían elaborar su versión de la reforma para retomar el tema el próximo lunes, al reabrirse las sesiones, pero los congresistas sólo discuten ahora la ofensiva que el Ejecutivo quiere lanzar a 9.500 kilómetros de Washington.

Siria no deja que se hable de otra cosa. Ya ­
se convirtió en el árbol que tapa el bosque de contrariedades del gobierno estadounidense. Y ahora puede convertirse en la primera guerra de un Nobel de la Paz.