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Tras un encuentro entre la Iglesia y la Revolución

Los tres últimos pontífices se reunieron con Fidel Castro en sus visitas a Cuba. El argentino facilitó el fin del bloqueo, valoró algunos gestos del castrismo y criticó otros.

27 de noviembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Tras un encuentro entre la Iglesia y la Revolución
El 20 de septiembre de 2015, el papa Francisco visitó al ya retirado Fidel Castro en la isla.

Las condolencias que el papa Francisco envió ayer a Cuba por la muerte de Fidel Castro no fueron sólo diplomáticas. Como sus predecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI, el pontífice argentino mantuvo una relación de respeto y de cierto reconocimiento por el líder cubano, en tanto y en cuanto supo transmitir, aun desde el ateísmo, algunos valores sociales y culturales que la Iglesia ha sabido apreciar en el singular –y dramático– proceso político, social y económico cubano.

LA MUERTE DE FIDEL. Canal especialNunca hubo una relación estrecha entre los papas y el líder revolucionario. Pero el peso de esta singularidad y del simbolismo histórico mundial del personaje y del propio pueblo de Cuba elevó a otra categoría los vínculos institucionales y diplomáticos que la Santa Sede y sus "jefes" (los pontífices) le dispensaron.Por eso Cuba (y Fidel), una isla pequeña, con una población relativamente escasa, que no es oficialmente católica y que es gobernada por un sistema totalitario, goza de un raro privilegio que comparten sólo un puñado de países: haber sido visitada por los tres últimos papas.Es que la Iglesia, con Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, ha creído siempre, desde que la Revolución Cubana consagró el ateísmo, que el bien común del pueblo cubano requería un trato especial: no cortar los vínculos a pesar de la persecución.Con idas y vueltas, la estrategia tuvo sus frutos: de la inicial consagración del ateísmo, la Revolución pasó a admitir la "libertad religiosa y de fe", lo que permitió que se autorizasen –aunque al principio de manera acotada– las misas, las procesiones, el ingreso de misioneros extranjeros y el ingreso de recursos y ayuda extranjera para las iglesias y los conventos.La relación, que tuvo (y en cierto modo todavía tiene) en el cardenal cubano Jaime Ortega y Alamino a un equilibrista muy elogiado, fue complicada. Sin cortar los puentes de diálogo con Castro, los religiosos nunca dejaron de reclamar apertura y libertades como la de enseñar. Y cuando la Unión Soviética todavía sostenía la fortaleza del régimen, cada reclamo endurecía la persecución. La estrategia todavía es acusada de "colaboracionista" por los exiliados y por la resistencia cubana.Cuando con la caída del Muro y la implosión del régimen soviético Cuba se quedó sin sostén, y el bloqueo estadounidense se endureció, el papa Juan Pablo II decidió visitar la isla y a Fidel Castro. Y quien como un simple cura y luego obispo había padecido la persecución del "socialismo real" en su Polonia natal, en 1997, como pontífice, reclamó que "Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba". Bergoglio y Fidel En enero de 1998, Juan Pablo II fue a Cuba. Meses después de esa primera visita papal, el entonces arzobispo de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio publicó el libro Diálogos entre Juan Pablo II y Fidel Castro . En esa obra muy didáctica escribió sobre las diferencias antropológicas entre socialismo y cristianismo respecto del hombre; el marxismo, la justicia social, la propiedad privada y el neoliberalismo.Formuló una crítica a la insuficiencia de la economía comunista y a la lucha de clases como medio de acción. Dio cuenta allí del desmantelamiento que había sufrido la Iglesia desde el inicio de la Revolución, con una acción pastoral minimizada y desarticulada frente a la promoción de otros cultos y sectas. Por otro lado, valoró que Castro había dejado atrás ese pasado para dar lugar a lo que Bergoglio llamó "una convergencia" entre el catolicismo y la Revolución.En busca de los frutos de esa convergencia Benedicto XVI visitó la isla y a Fidel ya retirado. Fue del 26 al 28 de marzo de 2012 y quien lo recibió fue Raúl Castro, aunque también dialogó con Fidel. El año pasado, el 20 de septiembre de 2015, fue el propio Bergoglio, como papa Francisco, quien repitió el gesto. Sólo que, convencido del proceso histórico, ahora como responsable de la Iglesia, Francisco llevó bajo el brazo el fruto del largo trabajo diplomático que derivó en la suspensión del embargo norteamericano.