Todos contra Barack Obama
En el Senado, los republicanos necesitan nada más que seis escaños para tomar el control, lo que dejaría a Obama más debilitado.
Las elecciones de medio término en Estados Unidos encuentran al presidente demócrata con su popularidad en irrefrenable declive. El resultado de estos comicios, que son un test sobre la gestión presidencial, promete ser un trago amargo para Barack Obama.
Todo lo que hizo o haga el actual presidente es motivo de furibundos ataques desde el Partido Republicano, especialmente del extremista Tea Party. Pero lo peor es que los mismos demócratas le reclaman por todo lo que no puede, no quiere o no sabe hacer.
El presidente había llegado al poder en 2009, en medio de la peor crisis económica después de la Gran Depresión de los años ’30. Antes de asumir, había contribuido a lograr el acuerdo que permitió el multimillonario rescate a las entidades financieras, acto que le perdonaron los demócratas más a la izquierda y nunca le agradecieron los republicanos. No había otra; Estados Unidos es una gran federación de grupos de presión.
De allí en más fue una lucha, sobre todo en el Congreso. Hubo logros, como el sistema de salud (" Obamacare" ), que se quedó a medio camino de lo que realmente se había apuntado, un programa nacional de salud que alcanzara a todos los ciudadanos sin distinción.
También hubo planes sociales para contener a 48 millones de pobres. Pero no se avanzó en el crucial problema de la inmigración, que no afecta sólo a los hispanos sino también a los cientos de miles de empresarios y comerciantes que dependen de ellos para hacer funcionar sus negocios. En esto, y en muchos otros temas, Obama no pudo contra los republicanos en el Congreso.
Los números
Muy lentamente, la economía se fue recuperando, en parte gracias a las políticas de estímulo del gobierno.
Este año, la economía, que se había contraído 2,1 por ciento en el primer trimestre, repuntó 4,6 por ciento en el segundo trimestre y un 3,5 en el tercero. Esto fue gracias al gasto público (sobre todo en Defensa) y el aumento de las exportaciones. El desempleo, a su vez, alcanzó los niveles más bajos en seis años.
Pero el ritmo de la mejora es considerado muy lento. No sólo eso, sino que algunos sectores, como la vasta clase media, han visto reducirse sus ingresos dramáticamente, en una tendencia que viene de los gobiernos de George W. Bush. Con los ingresos se redujeron también las expectativas respecto del futuro de los hijos y nietos de los trabajadores de hoy.
Guerra, sí o no
En estos días, los mayores cuestionamientos del público parten de la actuación de Estados Unidos respecto de Siria y de la política exterior en general.
Los reclamos son de lo más variados: desde que las armas provistas a grupos rebeldes sirios terminaron en manos del Estado Islámico (EI) hasta la oportunidad de involucrarse poco o mucho en el conflicto, pasando por la discusión sobre si existe una amenaza concreta hacia Estados Unidos por parte de los extremistas seudoislámicos.
Nunca hizo falta una amenaza concreta para que un gobierno estadounidense decidiera iniciar una guerra, pero esta vez las críticas vienen no de los opositores, sino incluso de sus propios partidarios.
También se apunta a que en la elaboración de la estrategia contra el EI no se ha atendido a la complejidad de la trama étnico-política en Medio Oriente. Sunitas contra seudosunitas, en algunas alianzas con chiítas y déspotas coronados… Nada bueno pareciera que puede resultar de semejante combinación.
Lo que más molesta es que Obama tomó las medidas vinculadas con este tema con prescindencia del Congreso. El argumento, la cercanía de las elecciones de medio término. Muchos de los legisladores deben estar agradecidos de que el presidente les ahorró la molestia.
Las perspectivas que presentan las elecciones no son muy alentadoras. Los republicanos tienen el control de la Cámara de Representantes (equivalente a nuestros diputados) y es poco probable que los demócratas consigan ganarles la mayoría. Sucede que en este tipo de elecciones son los republicanos los más predispuestos para registrarse para ir a votar. Y entre los republicanos predominan los blancos, las personas de más edad y de mejor condición socioeconómica.
En el Senado, además, los republicanos necesitan nada más que seis escaños para tomar el control, lo que dejaría a Obama más debilitado y solamente con el poder de veto presidencial para frenar las iniciativas de la oposición. El presidente se convertiría así en lame duck (pato rengo) antes de que su sucesor sea elegido.

