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Tiempo de resistencia

No toda la responsabilidad es de ­Occidente, aunque le corresponde su parte, ni los gobiernos de los países árabes y musulmanes son inocentes.

11 de enero de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Tiempo de resistencia

Una duda sobrevuela el final de la trágica semana en Francia: ¿es esto el principio de algo mucho peor?

¿Los 20 muertos en cuatro atentados en menos de tres días es sólo un anticipo de lo que vendrá?

Desde el 11 de septiembre de 2001, el día que cambió la historia, que marcó el verdadero y lamentable comienzo del siglo 21, el terrorismo fundamentalista no hace más que crecer y ganar espacio, espoleado por una guerra que parece estimularlo más que limitarlo. Por eso, y porque la política no es una ciencia exacta, es imposible leer con un solo ojo estos episodios y su encuadre. En este capítulo de la historia existen infinidad de factores involucrados.No toda la responsabilidad es de Occidente, aunque le corresponde su parte, ni los gobiernos de los países árabes y musulmanes son inocentes.Veamos algunos de esos factores en juego a partir de los atentados en París. Los autores intelectuales El golpe fue producido por Al ­Qaeda y no por el Estado Islámico (EI). Así lo reconoció Harit al ­Nadhari, uno de los líderes de Al Qaeda en la Península Arábiga, quien prometió más muertes si no se deja de molestar a los musulmanes. El grupo sigue el legado de Osama bin Laden de atacar a Occidente, el segundo aspira a consolidar el califato en Irak y Siria. Al Qaeda actúa por medio de células que se vuelven cada vez más difíciles de detectar en una sociedad abierta. No sólo son cada vez más minúsculas, sino que son familiares, como lo fue en este caso. El temor hacia el EI, en cambio, es que hay cientos de jóvenes, hombres y mujeres occidentales que se incorporaron a esa milicia en Siria e Irak y pueden estar en condiciones de regresar a sus países a aplicar lo aprendido. Pero la peor perspectiva es que ambos grupos confronten por el monopolio del terror en Occidente. Los instrumentos Hay más de cinco millones de musulmanes en Francia, y hasta ahora es una cantidad ínfima de ellos la que se ha volcado al extremismo. Los primeros llegaron a Europa buscando trabajo, y encontraron un marco de libertad y bienestar superior al de sus países de origen, pero inferior a los de los franceses nacidos y criados allí. Los hijos de esos inmigrantes no experimentaron algo peor para comparar con su actual realidad. Viven en barriadas marginales que son a todas luces más pobres que los barrios del ciudadano francés promedio y son discriminados a la hora de conseguir trabajo.No sólo eso, sino que políticos cada vez más populares los acusan (junto a los inmigrantes en general) de ser la causa de los problemas franceses. En ese estado depresivo en el que están sumergidos, se enamoran de versiones fantasiosas ­sobre el islam y la lucha contra esa forma de vida que quisieran para sí mismos pero no pueden ­alcanzar. Les prometen un paraíso en el más allá y los más pobres, los que menos contención familiar tienen, los menos educados, aceptan este reto. La respuesta La reacción interna y externa a lo sucedido en estos últimos días fue espontánea y contundente, pero no enteramente unánime. El Frente Nacional (FN), partido de ultraderecha liderado por Marine Le Pen, pidió la reinserción de la pena de muerte.El FN es profundamente xenófobo, considera peligroso al multiculturalismo y estigmatiza a los musulmanes equiparando al islam con el fundamentalismo. El detalle: en las elecciones europeas esa agrupación obtuvo el 25 por ciento de los votos, en medio de una concurrencia extraordinariamente baja.Sobre este problema existen opiniones furiosamente divididas, pero está claro que no es lo mismo una fuerza democrática y tolerante que una que considera a musulmanes y terroristas como a una misma categoría. La prueba de lo peligroso que es el discurso del FN fue que se produjeron decenas de ataques contra mezquitas en los últimos dos días.El gobierno de François Hollande convocó para hoy a una marcha de unidad nacional a la que concurrirán los jefes de gobierno de ­España, Alemania, Gran Bretaña e Italia.Inmediatamente después de a­nun­ciada se generó la polémica porque el FN aseguró que no fue in­vitado. No sólo eso, sino que o­tras agrupaciones, en las antípodas ideológicas del partido de los Le Pen, argumentaron que la convocatoria debía tener como eje los valores republicanos, que el FN no representa, por lo que no estaban de acuerdo de compartir el acto con ese partido.Pero dejar de lado al Frente es negar la participación de millones de franceses que lo votan. ¿Dónde está la salida? Si contamos desde 2001 llevamos 14 años de esta mal llamada guerra. Nada de lo que se ha hecho hasta ahora llevó a los lugares más castigados por ella lo que realmente se necesita: democracia, educación y desarrollo. Todo lo contrario. Afganistán, Irak, Siria, los países de la efímera Primavera Árabe, las naciones del norte y centro de África siguen sumidos en la pobreza y el descontrol. Algunos de esos países porque nunca zafaron del solapado intervencionismo europeo, otros porque son el campo de batalla de ­Estados Unidos, otros porque cayeron bajo el neocolonialismo chino, o por la corrupción de sus autocracias gobernantes. No hay un solo culpable. Son esos mismos responsables los que simularán buscar una salida. Resistir, como puso el diario Liberation en su tapa, es la respuesta. Resistir a los terroristas, pero también a los que creen que el problema se soluciona con más guerra o con pena de muerte.