Terror, lobos solitarios y carroña política
Las suspicacias sobre un uso proselitista de la tragedia también salpican al oficialismo.
Desde que el neoyorquino Omar Mateen descargó su odio y las balas de su fusil sobre cientos de personas que colmaban una discoteca de Orlando, a la consternación y el dolor por las víctimas se sumaron de inmediato las mezquindades políticas potenciadas por un año electoral.
El presunto juramento de lealtad que el autor material de la balacera hizo al Estado Islámico dio combustible a la retórica incendiaria de Donald Trump, quien un rato después pedía a Barack Obama que renunciara y a Hillary Clinton que retirara su candidatura si de inmediato no condenaban lo ocurrido en Florida como obra del “islam radical”.
Un discurso de mano dura hacia migrantes y minorías, salpicado por altas dosis de islamofobia, sirvió a Trump para ganar las primarias de su partido y posicionarse con chances ciertas para las presidenciales del 8 de noviembre. ¿Por qué no repetir la fórmula en la batalla por la Casa Blanca frente a Hillary?
Por el lado demócrata, tanto Obama como su exsecretaria de Estado aludieron a las características de la mayoría de las víctimas para retrucar al empresario.
El jefe de la Casa Blanca y Hillary hicieron foco en que la disco era un ícono de la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y trans) y de latinos que en la noche del sábado tenían su fiesta.
Hasta que trascendió la supuesta conexión del tirador con los yihadistas que en junio de 2014 establecieron su “califato” en partes de Siria e Irak, la peor matanza en Estados Unidos desde el 11-S parecía destinada a engrosar el listado de tiroteos fatales en un país con más armas que gente.
Obama y Hillary endilgaron culpas a las arengas de Trump y a su connivencia con la Asociación del Rifle para rechazar controles sobre esas armas.
Ya fuera por loable convencimiento o mera conveniencia electoral, los demócratas reforzaron así diferencias con el magnate. Pero las suspicacias sobre un uso proselitista de la tragedia también salpican al oficialismo.
Ayer, Obama abonó la tesis de que Mateen fue un lobo solitario, un desequilibrado que se radicalizó con la propaganda yihadista en Internet. También resaltó la dificultad para controlar a estos atacantes y prevenir sus actos.
De esa dificultad, pudo dar fe ayer su colega francés, François Hollande, quien calificó de acto terrorista el asesinato de una pareja de policías cometido el lunes por un joven francés que también juró lealtad a Isis. En Francia, cada golpe de terror alimenta mensajes apocalípticos de quienes sacan rédito del miedo, como el Frente Nacional de los Le Pen.
Entre tanta especulación, alguien dejó otro mensaje: “Cualquier acto de odio es vergonzoso. Quiero que la gente deje de ser asesinada en tragedias sin sentido”. Lo dijo Nelba Márquez, madre de Ana, de 7 años, a quien un joven de 20 asesinó en 2012, en la matanza de Sandy Hook.

