Sumas, restas y divisiones
El apoyo de Marina sería un envión para Aécio, pero no garantiza el trasvase de sus sufragios.
El Partido de los Trabajadores (PT) y la coalición que respalda la reelección de Dilma Rousseff se enfrentarán al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) que, con avales de otras fuerzas, espera volver tras 12 años al Palacio del Planalto, de la mano de Aécio Neves. Resulta toda una paradoja en un país donde sondeos cifraban en casi un 70 por ciento los descontentos con la “vieja dirigencia política”, que fueran las mismas dos fuerzas antagónicas de los últimos 20 años las más votadas y reunieran entre ambas el 75 por ciento de los sufragios válidos.
Pero no fueron ni la única paradoja ni el único yerro de las encuestas, que en la campaña desahuciaron a Neves y ubicaron al tope a la ecologista Marina Silva, postulada por el Partido Socialista Brasileño (PSB) como abanderada del “cambio”.
Casi sin descanso, Dilma y Aécio redefinen estrategias en busca de los votos que les faltan para la victoria en el balotaje del 26, que se prevé como pelea cerrada. Y son objeto de deseo los más de 22 millones de sufragios logrados por Marina en primer turno, sobre los que ayer se tejieron todo tipo de especulaciones a partir del posible apoyo de Silva a Neves. Medios paulistas dieron como un hecho tal apoyo, aunque la excandidata recién se pronunciará mañana y quizá en disidencia con el PSB, más cercano al PT que al PSDB.
Marina condicionaría un explícito aval a Aécio a que este incorpore en su programa una reforma política que elimine la reelección, introducida en Brasil por Fernando Henrique Cardoso (fundador del PSDB) mediante una enmienda constitucional salpicada por la compra de voluntades en el Congreso, a fines de los ’90. Silva también exigiría “sustentabilidad en la economía”, fijando como límite a los agronegocios la preservación de la Amazonia. Siempre según especulaciones, Aécio aceptaría tales pedidos y ofrecería a Marina convertirse en una “canciller verde”.
Pero en el PSB hay quienes creen que los apoyos a cambio de concesiones o cargos tiran por la borda los mensajes de “aire nuevo”. La emblemática Luiza Erundina, quien gobernó la ciudad de San Pablo, marcó ayer la cancha. “Ni Dilma ni Aécio”, sentenció la veterana dirigente del PSB para luego disparar: “¿No dijimos todo el tiempo en la campaña que queríamos un cambio? ¿No propugnábamos el fin de la polarización? Si nosotros apoyáramos a uno de los candidatos del balotaje, ¿no fortaleceríamos la polarización que combatimos?”.
Claro que Silva, quien podría hacer un anuncio a título personal o a nombre de su fuerza “Red de Sustentabilidad”, aún acusa heridas que infligió a su imagen la desacreditación pergeñada por los asesores del PT.
Un apoyo de Marina, quien en 2010 se declaró neutral en la segunda vuelta entre Rousseff y el candidato del PSDB José Serra, supondría un envión adicional para Neves, pero no garantiza trasvase automático de sufragios. “La historia muestra en Brasil que no hay transferencia de votos, pero la militancia puede ser decisiva para Dilma”, declaró Francisco Fonseca, profesor de Ciencia Política de la Fundación Getulio Vargas de San Pablo, al diario O Estado de Sao Paulo.
El catedrático opinó que la presidenta, que superó a Neves por algo más de ocho puntos porcentuales u ocho millones de votos, necesitaría de poco más de un tercio de los sufragios de Marina para imponerse el 26, si conserva su caudal propio. Y acotó: “No se puede negar que las raíces del PSB y de Red de Sustentabilidad y buena parte de sus militantes pertenecen al campo de la izquierda”.
Parado mucho más a la derecha, Aécio tratará de seducir a ese electorado alegando que él encarna el voto del “cambio”. “Tiene que haber hecho muy mal las cosas el gobierno para que Aécio y el PSDB se presenten como el cambio”, ironizó en Twitter Cristovam Buarque, exgobernador de Brasilia y ministro de Educación de Luiz Inácio Lula da Silva.
Según una encuesta, un 60 por ciento de votos de Marina irán a Neves y un 40 a Rousseff. Otro sondeo calcula en 44 y 26 los respectivos porcentajes, con el resto de votantes del PSB que preferiría anular su sufragio o votar en blanco en el balotaje. Pero pocos creen en los encuestadores tras el fiasco latente.
Los votos en blanco, nulos o abstenciones del primer turno, que sumados llegan a casi 29 millones de voluntades, son un universo apetecible, pero difícil de seducir. La segmentación de votantes por poder adquisitivo, regiones o ideología augura un balotaje marcado por divisiones, que atizarán discursos y eslóganes.

