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Sin golpes de nocaut ni vientos de cambio

Romney endilgó al actual gobierno demócrata haber menguado el liderazgo internacional norteamericano. Marcelo Taborda.

24 de octubre de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Sin golpes de nocaut ni vientos de cambio

“Cuando estábamos aplicando sanciones a Irán, usted todavía invertía en una compañía china que compraba crudo a los iraníes. Dejaré que sean los votantes los que elijan quién gestionará mejor este asunto”, afirmó el presidente Barack Obama lanzado hacia su reelección, al promediar el tercer y último debate frente a su rival republicano, Mitt Romney.

La frase, tal vez una de las más enérgicas del “cara a cara” del lunes en la Universidad de Lynn, en Boca Ratón, llegó cuando quienes se disputarán un lugar en la Casa Blanca el 6 de noviembre abordaban el espinoso tema del programa nuclear de Teherán y fijaban postura frente a una eventual agresión del régimen de los ayatolás a Israel.

Aquel párrafo de Obama sobresalió junto a otro par de reflexiones del mandatario en un contrapunto en el que el candidato opositor pareció carente de ideas en el tópico convocante del encuentro: la política exterior. En una pelea a tres rounds (la de los debates) en la que cada candidato había ganado uno de los dos disputados antes, se suponía que el retador era quien debía asumir la iniciativa y buscar arrinconar a quien ahora ostenta el título (de presidente). Pero fue el mandatario el dueño de la ofensiva en diferentes párrafos, a veces con ataques directos a su rival y en otras con réplicas certeras para contrarrestar golpes de su oponente.

Estocadas. "Tiene razón –dijo Obama mirando a Romney–, es malo exportar empleos a China (…) Aunque usted dirigió una empresa que exportaba empleos a ese país". La ofensiva del mandatario, en el pasaje destinado al gigante asiático, aprovechó para recordar los manejos políticos y fiscales de la firma Bain Capital, cuestionada empresa del exgobernador de Massachusetts.

Obama también agradeció con sarcasmo a su rival que hubiera reconocido la importancia de neutralizar a Al Qaeda y eliminar a su máximo líder, Osama bin Laden, después de haber sostenido que el enemigo principal de Estados Unidos era Rusia. “Lo entiendo, usted no ha tenido oportunidad de ejercer en materia de política internacional”, deslizó casi sobrando el gobernante.

Con mucha más tibieza, Romney endilgó al actual gobierno demócrata haber menguado el liderazgo internacional norteamericano. Pero en temas centrales como Siria, la defensa de Israel o el uso de drones para matar a presuntos terroristas en Afganistán, Pakistán o Yemen, mostró coincidencias con el primer presidente afroamericano de su país.

El arranque inquisidor del republicano sobre el ataque al consulado de Bengazi, que terminó con la vida del embajador y otros tres ciudadanos estadounidenses, se diluyó frente a las respuestas con datos empíricos del mandatario. Romney no tocó la promesa incumplida del cierre de Guantánamo, quizá porque Obama ya lo había rotulado como un continuador de las ideas de George W. Bush y Dick Cheney en asuntos internacionales y “guerra contra el terrorismo”.

Síganme los "buenos". El republicano, en desventaja en conocimientos de política exterior, trató en un par de instancias de llevar la discusión a cuestiones internas y desglosó cinco puntos de propuestas económicas, al tiempo que reiteraba su principal promesa de campaña: la creación de 12 millones de puestos de trabajo.

Pero fronteras hacia afuera, su idea básica de “perseguir a los malos” no pareció muy consistente para un aspirante al escritorio del Despacho Oval. Claro que, 12 años atrás, el desconocimiento de los asuntos internacionales del que se jactaba Bush hijo no fue un obstáculo para que el exgobernador tejano llegara a la presidencia.

A juzgar por lo expuesto antenoche en Florida, no es de esperar virajes o cambios profundos en las políticas externas de la megapotencia (a pesar de sus urgencias económicas). Las guerras o intervenciones, antes más drásticas y ahora menos visibles, a partir de los ataques con aviones no tripulados, siguen en la agenda. Las políticas de Estado o injerencias se desnudan o edulcoran según la capacidad discursiva del candidato.

En medio de los temas seleccionados por el moderador, apenas hubo tangenciales referencias a Latinoamérica, un par de veces por Romney y ninguna alusión al África subsahariana o –esto fue lo más llamativo– a la Unión Europea y a su interminable crisis.

Así se fue el último debate. Con el apretón de manos final y las risas de rigor de ambos aspirantes. Después irrumpieron en escena las respectivas esposas, hijos y demás familias de cada uno, quienes cruzaron saludos y poses conciliadoras para las cámaras de TV.

Si la disputa por la Casa Blanca se dirimiera con los tres rounds de otros tantos debates, el inquilino seguiría siendo el mismo por otros cuatro años. Pero la pelea de fondo recién acabará en las urnas el primer martes de noviembre. Hasta entonces, asesores de campaña, aportantes, medios y encuestadores tendrán su peso, mientras los protagonistas de la pelea seguirán arrojándose golpes, aunque ya no en un mismo escenario.