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Señales de buena fe

Con Francisco en América y Tsipras en Europa, vivimos días cargados de palabras y de gestos muy simbólicos.

11 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Señales de buena fe

Cada una a su modo, América y Europa viven días cargados de señales de buena fe. En cada paso de su gira por nuestra región, el papa Francisco saca de la galera, o mejor dicho del solideo, frases o gestos cargados de simbolismo. En el viejo continente, tras el desafío que implicó el referéndum del fin de semana pasado, el gobierno de Grecia intenta convencer a sus vecinos de que tiene propuestas serias para salir de la encrucijada, aunque los nuevos planteos vayan a contramando de lo que votaron los ciudadanos en la consulta. El pedido de perdón de Francisco por los crímenes que cometió la Iglesia durante la época de la conquista es uno de los hechos más significativos de su visita. Más aún porque pronunció esas palabras en Bolivia, uno de los países que más sufrieron las barbaries de la colonización española de América, y al mismo tiempo uno de los que mejor resguardaron la sabiduría milenaria de los pueblos originarios.Menos grandilocuente fue la alusión que el Papa hizo al mar cuando estaba en La Paz. Sin embargo, hubo una respuesta inmediata del otro lado de la frontera. "Estoy pensando en el mar: diálogo es indispensable. Construir puentes en vez de levantar muros", expresó Francisco el jueves en la Catedral boliviana. Ayer, Chile ofreció restablecer de inmediato relaciones a nivel de embajadores con Bolivia, rotas en 1978 durante las dictaduras militares que ensombrecieron a ambas naciones.Más allá de su visita a cárceles y a hospitales pediátricos, de sus misas multitudinarias pese al frío y las lluvias, la sola elección de los destinos de su gira es un retrato del perfil que el Papa quiere darle a su visita. No escogió a las potencias de la región, sino a los países más periféricos, a los más necesitados, a los menos influyentes. Giro inesperado Del otro lado del mar, hay un mandatario que intenta cambiar su imagen ante sus pares y cuyos movimientos también son seguidos a sol y sombra, ya que de él depende en gran medida el futuro de la Unión Europea. El primer ministro griego, Alexis Tsipras, quiere obtener un rescate de 53.500 millones de euros en los próximos tres años. Para eso, presentó el jueves por la noche una propuesta detallada que cambió las críticas de los mandatarios de la zona por elogios y aplausos, un giro inesperado en el escenario europeo.Lo paradójico de todo esto es que el plan que propone ahora Tsipras es casi idéntico al que habían rechazado su gobierno y más del 60 por ciento de los griegos en las urnas. ¿Cómo interpretará la gente esta nueva actitud del mandatario? ¿Habrá renovadas protestas o el hastío generalizado hará su parte?Para que lo suyo no parezca una capitulación total, Tsipras propone a los acreedores evitar que los pensionistas que menos cobran y que reciben subvención del Estado pierdan esa ventaja de repente. El mandatario pide atrasar esa medida hasta marzo. Apenas un gesto.