Se cumplen 50 años del golpe de Estado a João Goulart
La destitución del entonces presidente brasileño anticipó los oscuros años de gobiernos de facto en Sudamérica.
Se cumplen hoy 50 años del comienzo del último golpe cívico militar en Brasil, cuando el derrocamiento del presidente João Goulart dio comienzo a dos décadas de gobiernos de facto y anticipó lo que ocurriría años después en gran parte del continente, con su secuela de represión, censura y delitos de lesa humanidad. En plena Guerra Fría, Goulart era visto por los sectores de derecha y la mayoría de los militares como un "agente del comunismo" que mantenía lazos con la Unión Soviética y China. El golpe se puso en marcha en la noche del 31 de marzo, cuando el jefe de la guarnición de Minas Gerais, general Olímpio Mourão Filho, inició el desplazamiento de sus tropas hacia Río de Janeiro, donde se hallaba Goulart. En la madrugada del 2, el Congreso destituyó a Goulart y nombró en su lugar al titular de la Cámara de Diputados, Ranieri Mazzilli. Goulart aún intentó resistir, acompañado por dos altos oficiales militares y por el dirigente Leonel Brizola, pero, ante la noticia de que tropas se dirigían hacia Porto Alegre con el propósito de arrestarlo, se trasladó a una hacienda familiar en la frontera con Uruguay, y dos días más tarde, el 4, dejó el país. Las calles brasileñas se llenaron de soldados armados y vehículos militares, y los uniformados ocuparon las sedes de partidos, sindicatos y otras organizaciones que habían apoyado al mandatario depuesto. El 15 de abril, el Congreso designó presidente al general Humberto de Alencar Castelo Branco. El régimen de facto se prolongó hasta 1985 e instaló una brutal represión que dejó miles de muertos y unos 400 desaparecidos, y forzó a exiliarse a miles de opositores. Si bien la dictadura brasileña tuvo cierta "institucionalidad" –no cerró el Congreso; creó su propio partido, la Alianza Renovadora Nacional (Arena), y hasta permitió la actuación de una sola agrupación opositora, el Partido de Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, centrista)–, no tuvo concesiones con la izquierda.El régimen llamó a las urnas en 1985, pero para elecciones indirectas. Fue elegido presidente Tancredo Neves, pero no llegó a asumir por problemas de salud, y en su lugar lo hizo su compañero de fórmula, José Sarney, a quien muchos consideraban un "infiltrado" de la dictadura porque había sido jefe de Arena y senador durante el gobierno de facto. Pese a la desconfianza de esos sectores, Sarney guio a Brasil en la transición y lo llevó a las primeras elecciones directas en 1989.

