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Rousseff y las acusaciones que agitan el “impeachment”

En estas semanas, es una palabra de moda en Brasil. Su mención es repetida en las redes sociales, pero la impugnación no parece posible. 

06 de marzo de 2015 a las 12:01 a. m.
Rousseff y las acusaciones que agitan el “impeachment”

En estas semanas, es una palabra de moda en Brasil. Su mención es repetida en las redes sociales, pero la impugnación no parece posible. Opositores y grupos radicales convocan a una marcha para el 15 de marzo para pedir un proceso contra la jefa de Estado. Pero un proceso para destituir a Dilma Rousseff como presidenta no es tan sencillo. El nombre del proceso en la Constitución brasileña es "crimen de responsabilidad". El texto de la Carta Magna dice: "El presidente de la República, en la vigencia de su mandato, no puede ser responsabilizado por actos ajenos al ejercicio de sus funciones". La clave está en definir esos "actos ajenos". Rousseff presidió el Consejo de Administración de Petrobras entre 2003 y 2010 –la "Operación Lava Jato " (Operación Lavacoches) investiga supuestas irregularidades cometidas en la compañía estatal entre 2004 y 2012–. Si el Congreso aceptase acusaciones de esa época como motivo para destituir a Rousseff, probablemente el Tribunal Supremo Federal las echaría abajo aludiendo a este artículo, según opina Carlos Ari Sundfeld, profesor de Derecho en la Fundación Getúlio Vargas. Por otra parte, este es el segundo mandato de Rousseff. Y algunas voces sugieren que todo lo sucedido en su primera etapa como presidenta de Brasil sería considerado "ajeno" y, para abrir el impeachment , sólo serían contemplados actos de la presente legislatura. Pero no existen precedentes. "Esta duda nunca ha sido discutida en procesos parecidos en Brasil. Y tampoco existe una doctrina jurídica que debata este problema, porque la reelección es algo reciente (entró en vigor en el año 1998)".El mayor riesgo al que se expone Rousseff no es precisamente ser acusada de cometer delitos, sino encubrirlos durante su mandato, cree por su parte Ari Sundfeld. Si la impugnación de Rousseff saliese finalmente adelante, todavía tendría que conseguir dos tercios de los votos de la Cámara de Diputados. Los aliados del gobierno ocupan el 60 por ciento de los escaños de diputados y senadores. Pese a esas cifras, el de Dilma es el apoyo más frágil de un partido en el poder desde la vuelta de la democracia en Brasil, en el año 1989.