El Pontífice y los conversos
Para buena parte de los argentinos, las expectativas sobre su Papa quedaron opacadas por las especulaciones políticas que él mismo alimentó, de manera voluntaria o involuntaria.
Poco tiempo después de que el cardenal francés Jean Louis Tauran anunciara al mundo que Jorge Bergoglio había sido elegido papa, el exaltado entusiasmo nacional de los primeros días –aun de aquellos menos familiarizados con el catolicismo– cedió espacio a un interesante ciclo de conversiones. A favor y en contra, porque el rebaño del pastor en su tierra tuvo altas y bajas.
PRIMER PLANO. Francisco, en un camino entre lo simbólico y lo profundo
Los detractores del pasado, que hasta el 13 de marzo de 2013 le daban vuelta la cara y apostaban a ventilar supuestos vínculos con la dictadura militar, pronto arriaron las banderas de guerra y comenzaron a desfilar por el Vaticano en busca de la bendición.
A la inversa, muchos de los que recibieron con beneplácito la noticia de ese día tardaron poco tiempo en mostrar señales de desilusión, cuando no de fastidio, ante lo que interpretaron como un imperdonable desaire pontificio: los peores enemigos del cardenal Bergoglio se transformaron en los mejores amigos de Francisco, a contramano de las expectativas previas.
El kirchnerismo, en el poder durante dos de los últimos cuatro años, entendió enseguida la potencialidad política de sonreír junto a un compatriota erigido como jefe de la grey católica.
Por primera vez, la emblemática lógica K del amigo-enemigo fue interpretada por Cristina Fernández y sus acólitos como inapropiada frente al fervor social de un pontífice argentino, aunque muchos de ellos hubieran preferido el contestatario ateísmo esclarecido, antes que aparecer orbitando en cercanías de un jerarca católico.
Después llegó Mauricio Macri y la imagen del Papa quedó presa del juego de los gestos, que no siempre parecieron cálidos con el nuevo gobierno. Durante el primer año de Cambiemos, las actitudes fueron medidas con la vara de su identidad peronista.
Para buena parte de los argentinos, las expectativas sobre su Papa quedaron opacadas por las especulaciones políticas que él mismo alimentó, de manera voluntaria o involuntaria.
Como saldo positivo, Francisco sacudió la modorra de una institución anquilosada como la Iglesia Católica, aunque eso no garantice cambios de fondo.
*Periodista e investigador del CEA-UNC

