Los desafíos del Papa y los de Cristina
La presidenta argentina viaja a Cuba en busca de un saludo, una o dos fotos en la prensa nacional y alguna que otra cita en la internacional. El papa Bergoglio, en cambio, va al fondo.
La presencia del papa Francisco en Cuba y la visita que realizará la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a este país para saludar al Pontífice seducen a los argentinos con una primera tentación: colocar a las dos personalidades y las dos acciones en el mismo plano. Las diferencias son abismales y algunas se pueden enumerar. Francisco no va a Cuba para ver a Cristina. En cambio, Cristina sí va a Cuba para ver al Papa.El Pontífice llega aquí en el marco de una gira que incluye también Estados Unidos, como él mismo explicó, para escuchar al pueblo cubano, confirmarlo en la fe, apoyarlo en la búsqueda de la libertad y de la dignidad que el propio régimen le niega por un lado, y que Estados Unidos con el bloqueo refuerza por el otro. Él, el Papa, está en condiciones de hacerlo, porque su función va más allá de la política, aunque está claro que la incluye. Lo ha hecho al comprometer toda la estructura de la Iglesia en la búsqueda de recuperar un diálogo entre dos naciones (Cuba y Estados Unidos) que estaba perdido. Y lo ha logrado.Cristina, en cambio, sin posibilidades reales de hacer algo semejante, va a Cuba para ver y mostrarse con Francisco y, si puede, como lo está buscando la Cancillería según confirmó ayer una fuente diplomática, también con los hermanos Castro.Una busca un saludo, una o dos fotos en la prensa nacional y alguna que otra cita en la internacional; una oportunidad para mostrarse cerca del Papa y "cerca de Cuba", dos íconos hoy del progresismo político que navega las superficies.El Papa, en cambio, va al fondo. El propio Bergoglio sabe de esta diferencia. Lo supo también en el anterior y brevísimo encuentro gestado –otra vez– por la Presidenta en Paraguay, cuando esta le llevó de regalo un cuadro con un recorte de una revista que decía que el papa Juan XXIII había rezado por Evita.En esa ocasión, como probablemente ocurra mañana, Francisco llamó a un colaborador cuando estaba terminando la misa y le pidió que le dijera a Cristina, quien estaba sentada con las autoridades muy cerca del altar, que la saludaría allí nomás, sin tiempo para más que eso: un saludo. Es lo que Cristina vino a buscar. Y un saludo, en la visión dialógica que el Papa tiene del mundo, no se le niega a nadie.

