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Los cubanos que no vemos

La Revolución hace tiempo dejó de serlo, y se ha convertido en una dictadura dirigida por gerontes militares, un régimen que sería inadmisible en cualquiera de las demás naciones.

12 de abril de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Los cubanos que no vemos
(Ilustración de Juan Colombato)

Los incidentes que se produjeron el viernes en Panamá en la Cumbre de las Américas entre cubanos castristas y opositores trasladaron al continente lo que es una realidad cada vez más tangible en la isla pero poco visible desde aquí. Como en todas partes, en Cuba hay gente que no está de acuerdo con el gobierno que tiene, pero, a diferencia de lo que ocurre en los países de la región, esa disidencia no puede expresarse libremente y, mucho menos, aspirar a llegar al gobierno a través de elecciones. El tema molesta a millones de latinoamericanos que preferirían no enterarse de esa realidad que los enfrenta a un debate incómodo. ¿Cómo manifestarse en contra de la gloriosa Revolución, la que echó a una dictadura de Fulgencio Batista y le plantó cara a la primera potencia mundial? La del Che Guevara, padre de todos los íconos revolucionarios (argentino, además); la que hizo accesible la educación y la salud para todos; la que sacó a su pequeño país de un período de oscuridad, pobreza y dominación extranjera, para convertirlo en territorio de igualdad y dignidad. Puesto así, no hay cuestionamiento posible. No lo hay para quienes ven la realidad en blanco y negro, bueno y malo, amigo y enemigo. Es decir, como se ve actualmente en América latina, donde la ideología imperante en este tiempo es binaria, sectaria, maniquea, autoritaria. Ese discurso se vende fácil y se compra mejor; desmontarlo es más complicado. El análisis desapasionado, sin embargo, nos lleva a una realidad más compleja en la que no existen las certezas, los santos ni los héroes impolutos. Por poco que se observe, no se puede no ver que la Revolución hace tiempo dejó de serlo, y se ha convertido en una dictadura dirigida por gerontes militares, un régimen que sería inadmisible en cualquiera de las demás naciones latinoamericanas. Allí la justicia igualitaria es una ficción, desde el momento en que se denuncian y comprueban casos de represión política y policial contra los que se animan a levantar la voz objetando la infalibilidad del régimen. La salud se ha mercantilizado y los mayores beneficiados de ella son los extranjeros que pueden pagar por mejores servicios que el resto de la población. La educación es una herramienta de adoctrinamiento. Hay una nomenklatura (la oligarquía del régimen) que se beneficia de lo que los demás no pueden siquiera anhelar. Sobre las indiscutibles violaciones a derechos humanos y políticos, nos podemos remitir al segundo Examen Periódico Universal de Cuba en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, de 2013.El informe resalta que se mantiene la pena de muerte; se reiteran la denuncias de muertes sospechosas a manos de agentes gubernamentales; periodistas independientes son perseguidos por las autoridades; la libertad de expresión está severamente limitada; se realizan detenciones arbitrarias sin orden de un juez; el sistema judicial está sometido al poder político; la libertad de circulación dentro del país está restringida; las autoridades arrestan o condenan a prisión a ciudadanos de las provincias orientales que pretendan domiciliarse en la capital o sus alrededores con el cargo de "peligrosidad social predelictiva".Y el bloqueo estadounidense ha colaborado a que todo esto sea así y a aumentar las miserias de la población civil.Por supuesto que entre los disidentes y afines puede haber agentes de intereses ajenos a los del pueblo. Eso ocurre en cualquier sociedad abierta, y no por eso se va a renunciar a la democracia. En todo caso, si la inteligencia local falla en descubrirlos, siempre está Edward Snowden, como bien podemos mostrar los argentinos.Que los manifestantes de Panamá pueden haber sido pagados por cualquiera, también puede ser cierto, pero eso tampoco alcanza para negar la posibilidad de la democracia.Los argumentos al estilo "Estados Unidos le echaría las garras" o "Cuba sería cooptada por el capitalismo internacional" recuerdan a los defensores de las autocracias y tiranías árabes, que sostienen que sus pueblos no son culturalmente aptos para la democracia occidental.En realidad, los que no son aptos son los dirigentes, muy cómodos en la rapiña de las riquezas de sus súbditos.Unos años atrás, el periodista Pepe Eliaschev había señalado que la llamada izquierda latinoamericana "ha ejercido una extorsión moral sobre las conciencias libres que se manifestaban y manifiestan contra el totalitarismo, que sigue siendo muy fuerte". Y agregaba: "Existe una tremenda asignatura pendiente del pensamiento democrático hacia los fenómenos denominados revolucionarios o de izquierda (no sólo cubanos) que encubren su totalitarismo con las grandes causas sociales".En esa misma conferencia, Eliaschev (fallecido el año pasado) decía que la vida tiene vueltas que a veces son desconcertantes. Encontrarse de cara a la realidad de que el gobierno cubano no tiene nada de progresista y, por el contrario, responde en muchas de sus características a lo que definiríamos como derecha represiva y autoritaria, puede ser muy doloroso para quienes, con las mejores intenciones, todavía levantan las banderas de la Revolución.