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Las hijas de la mujer comunista que le enseñó "a pensar" a Jorge Bergoglio

Esta mañana el Papa recibió en audiencia a Ana María y Mabel Careaga, dos de las tres hijas de Esther Ballestrino de Careaga, la dirigente del partido febrerista paraguayo, fundadora de Madres de Plaza de Mayo, y asesinada por la dictadura militar, quien fue jefa de Bergoglio cuando éste tenía 17 años y trabajaba en un laboratorio porteño.

11 de julio de 2015 a las 02:41 p. m.
Redacción La Voz
Las hijas de la mujer comunista que le enseñó "a pensar" a Jorge Bergoglio

La tolerancia, el don de gente y el comprender a las personas son algunas de virtudes que más se admiran en el papa Francisco, un sacerdote que durante toda su vida ha generado y sostenido amistades con judíos, musulmanes, ateos.

¿De dónde le vienen esas características? Cuando Jorge Bergoglio tenía apenas 17 años, antes de ingresar al seminario, comenzó a trabajar en un laboratorio porteño, y su jefa, Esther Ballestrino de Careaga, lo marcó para siempre. Años después, la dictadura militar argentina secuestró y asesinó a esta mujer que en los años 40 había sido dirigente del Partido Febrerista Paraguayo, y truncó una amistad que -se puede decir- ayer renació trascendiendo el tiempo y el espacio.

Es que Francisco, antes de dirigirse a Caacupé, recibió en audiencia a dos de las hijas de aquella mujer. Y Ana María y Mabel Careaga, que viven en Argentina pero mantienen lazos familiares y culturales con Paraguay, se dijeron sorprendidas por lo que les dijo el Papa: "Su madre me enseñó a pensar".

En diálogo con este enviado, las dos mujeres y sus respectivos maridos, contaron que le llevaron al pontífice una foto en la que se ve a Esther Ballestrino con el grupo de jóvenes trabajadores del Laboratorio, entre ellos, un alto, flaco y casi irreconocible Bergoglio.

"Le pedimos que nos contara lo que recordaba de nuestra madre", explicó Ana María, quien cuando tenía 16 años, y su madre todavía con vida, fue secuestrada y torturada por la dictadura. Su mamá, con alguna ayuda del entonces provincial de los jesuitas, logró la libertad de su hija que marchó al exilio. Pero ella se quedó un tiempo más "para luchar por la libertad de los que quedaban secuestrados, detenidos y desaparecidos". Poco tiempo después fue ella la desaparecida y asesinada.

"Francisco recordó cuando visitaba nuestra casa, a nuestro padre y a nuestra hermana que está en Suecia y no pudo venir", contó Mabel Careaga, con emoción. Le dejaron tres libros y él les obsequió rosarios.

"Nos dijo que muchas de sus luchas y compromisos son los de mi madre", explicó Mabel. Y agregó: "El compromiso con los pobres, con los sin tierra, el reclamo contra la exclusión, contra el narcotráfico y la lucha por la esperanza...todo esto es hacer lío".

Con lágrimas en los ojos, Ana María dijo que, en Francisco, hoy reconocieron a su madre.