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La vieja costumbre de sembrar vientos

“No vamos a dejarles crear un califato en Siria e Irak”, afirmó quien ya tiene demasiados focos de incendio.

13 de agosto de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
La vieja costumbre de sembrar vientos

C on la mirada en las presidenciales de 2016, Hillary Rodham Clinton discrepó con recientes decisiones en la política exterior de Estados Unidos, que ella condujo en los primeros cuatro años de mandato de Barack Obama. Hillary le apuntó a la estrategia de Washington frente a las milicias sunitas del Estado Islámico de Irak y el Levante (Eiil), a la que juzgó tardía. "El error fue no haber suministrado a tiempo suficientes armas al Ejército Libre de Siria (ELS)", dijo la exsecretaria de Estado, en alusión a opositores a Bachar al Assad avalados por la Casa Blanca y Europa. La irrupción virulenta del Eiil en el conflicto sirio, antes de su trágica notoriedad en suelo de Irak, dividió a los rebeldes y planteó dudas acerca del destino y los beneficiarios finales de ese apoyo. Estados Unidos prolongó el dilema en suelo iraquí, donde los yihadistas sunitas capturaron ciudades y agudizaron su enfrentamiento con la mayoría chiíta y la población kurda.Los kurdos iraquíes y otras comunidades minoritarias fueron elegidos por Obama como los aliados a los que proteger con ataques aéreos. Casi al mismo tiempo, Washington admitió que está armando a los " peshmergas " (combatientes kurdos) para pelear contra los fundamentalistas del Eiil. Más allá de sus declamados propósitos, la urgencia de Estados Unidos por frenar a los yihadistas fue explicada por Obama a The New York Times. "Tenemos el interés estratégico de hacer retroceder al Eiil. No vamos a dejarles crear un califato en Siria e Irak", afirmó quien ya tiene demasiados focos de incendio en un tablero tan combustible como su subsuelo. Hay precedentes de alianzas estratégicas que Estados Unidos tejió con personajes o grupos que no tardaron en convertirse en sus enemigos más funcionales, pero también menos controlables. Los vientos que Washington sembró para que soplaran en diferentes regiones a su conveniencia se convirtieron a menudo en tempestades ingobernables. El esquema no es nuevo. La imposición de un autócrata como el shah de Persia, Mohamed Reza Pahlevi, con quien Estados Unidos y Gran Bretaña quisieron asegurar intereses petroleros en el Irán de mediados de siglo pasado, derivó en el triunfo de la Revolución Islámica de 1979. Para cercenar la influencia del ayatolá Ruhollah Khomeini y quienes lo siguieron, Washington dio soporte militar al Irak de Saddam Hussein en los ocho años (1980-1988) que duró la guerra de este país contra el régimen de Teherán.La invasión iraquí a Kuwait, en agosto de 1990, dio pie a la primera Guerra del Golfo, en la que George Bush padre lideró una inédita coalición internacional promocionada como "nuevo orden" mundial. La invasión a Irak de marzo de 2003, ordenada por George Bush hijo, a partir de pruebas falsas y en contra de Naciones Unidas, desmintió tal rótulo optimista.La invasión y devastación de Irak fue uno de los capítulos de la "guerra contra el terrorismo" que Bush hijo declaró a escala planetaria tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. La autoría intelectual de esos ataques fue atribuida a la red Al Qaeda, grupo cuyo líder era el disidente saudí Osama bin Laden. Enemigos serviciales y mortales Bin Laden y sus muyahidines habían recibido entrenamiento y equipos de la Inteligencia estadounidense, contra la ocupación soviética en Afganistán. Tal capacitación ayudó al luego "enemigo número uno" de Estados Unidos a esconderse en la porosa frontera afgano-paquistaní, controlada por los talibanes. Fue en Pakistán, al que Bush tomó de aliado para atacar e invadir Afganistán en 2001, donde en mayo de 2011 Bin Laden fue ultimado por tropas de elite norteamericanas. La desaparición de su líder no supuso el final de Al Qaeda, sino su atomización. Una de esas escisiones sería la que dio nacimiento al Eiil y a muchas milicias que hoy se disputan la caótica Libia que sobrevino al linchamiento de Muamar Kadhafi, otro enemigo útil al que potencias de Occidente bajaron el pulgar tras haberse servido de su influencia y poder. Grupos fundamentalistas como Hamas en Gaza o Hizbollah en el Líbano alegan que el Eiil es, como Al Qaeda, un producto made in USA , con apoyo de reinos como el saudí o emiratos a los que Occidente aún no les reclamó Primavera alguna. Como un virus que aumenta su resistencia, los nuevos dueños del terror parecen haber incrementado su poder letal y los ensayos para neutralizarlos corren el riesgo de multiplicar su influencia.