La singular cita de un mundo hecho pelota
El anfitrión planeó todo con la idea de adosar a su pecho la sexta estrella y el cartel de quinta potencia de la Tierra.
España no parece del todo convencida de mantener la corona. Mariano Rajoy juega para conservarla, pero no todos piensan igual tras los escándalos que dieron jaque mate al rey. ¿Estrenará Felipe VI título en el Maracaná?
Otra monarquía, la británica, ya tiene hinchada en contra. A menos de 100 días de jugarse su destino en referéndum, en Escocia defienden su propia camiseta.
La Holanda de Guillermo y Máxima aportará su naranja, vistoso como siempre, pero quizá tibio en definiciones. A la sombra de grises estructuras europeas, edilicias y burocráticas, emerge Bélgica y sus incógnitas.
La cumbre que empieza mañana con 32 participantes es singular porque en ella los más poderosos a veces no lucen como tales. Al menos, no todos ellos.
Tácticas y estrategias
Para Estados Unidos será la segunda participación con Barack Obama en la Casa Blanca. El prematuro Nobel de la Paz 2009 adoptó en los últimos enfrentamientos la estrategia de compartir protagonismo con otros, cediendo terreno en campos de batalla complicados y centrando sus ofensivas en contragolpes. Pero, tratándose de los norteamericanos, sería conveniente para sus rivales no confiar tácticas secretas a computadoras o dejar charlas técnicas a merced de drones espías o hackers como el de la Agencia Nacional de Seguridad Edward Snowden, hoy asilado en Moscú.
Rusia vuelve a erigirse como enemigo para Estados Unidos, en una reedición de la Guerra Fría; no tan fría en Ucrania. ¿Querrá Washington evitar un cruce directo con Moscú? ¿Preferirá esquivarlo como intentó Obama con Vladimir Putin, en el 70º aniversario del Desembarco de Normandía?
Mientras, herederos de otros imperios extinguidos llegan con expectativas menguadas. Italia y Grecia, con su historia, y Portugal, otrora conquistador del suelo que cobijará a esta reunión global, desafían un presente de crisis, desempleo y recetas de ajuste dictadas desde otras capitales.
Y cuando se habla de dictados impuestos a Europa se piensa en un país: Alemania. Francia, la otra locomotora de la UE, yace sumida en sus encrucijadas y su presidente, François Hollande, tiene muchos frentes abiertos. Para Angela Merkel, será el tercer acontecimiento de este tipo como máxima autoridad germana, tras dos reelecciones que, de haber sido latinoamericana, le hubieran aparejado reproches por supuestas pretensiones hegemónicas.
Otros jugadores y jugados
De los otros participantes, apenas trazos impregnados de estereotipos. Suiza, asociada a un mecanismo de relojería (cuentas bancarias al margen); Croacia y Bosnia, a las que la memoria liga aún con la guerra que desangró a los Balcanes hace dos décadas; Japón y Corea del Sur, potencias tecnológicas a las que a menudo se subestima; Australia, proclive a quedar más allá del bien y del mal, pese a recurrentes alineamientos belicistas de sus gobiernos.
Y sigue la lista: Argelia, vasto territorio magrebí al margen de cualquier Primavera Árabe; Irán, con el esquema del “5+1”, que mucho le ha redituado en el partido que libra ante Occidente por su plan nuclear. Por último, los países del África negra: Camerún, Ghana, Costa de Marfil y Nigeria, a veces temidos y casi siempre ignorados, como sus sombrías realidades internas y los migrantes que huyen de ellas.
¿Y Latinoamérica?
Con distintos desarrollos y pesos, y algunos estigmas comunes, como narcotráfico, violencia y desigualdad, México, Honduras y Costa Rica esperan trocar con esta cita humores sociales.
Ya en la Unasur, Juan Manuel Santos no sabe si llegará como mandatario saliente o en flamante condición de presidente reelecto a levantar la bandera de Colombia; depende del balotaje del domingo.
Ecuador no luce inquieto con su presente, y el Ejecutivo parece tener (Rafael) Correa para rato.
En Chile, Michelle Bachelet fue la primera en anunciar su viaje al encuentro planetario. En Sudáfrica 2010 la líder socialista ya no estaba en La Moneda, a la que volvió en marzo pasado.
Uruguay asume una actitud sin estridencias, algo que tan buenos resultados le reportó ya. Su austero presidente, José “Pepe” Mujica (un quinceañero cuando ocurrió la gesta de Obdulio Varela), tendrá el segundo y último evento de este tipo como jefe de Estado, antes de su inexorable retiro, con casi 80 años, el 1º marzo de 2015.
Y para el (o “la”) final… Brasil y Argentina. El anfitrión planeó todo con la idea de adosar a su pecho la sexta estrella y el cartel de quinta potencia de la Tierra. Las protestas callejeras y reclamos sociales que desde hace un año no dan tregua desnudaron urgencias aún no resueltas, a pesar de la inclusión de la última década.
Pero el anhelo de que los éxitos deportivos derroten al descontento es compartido por Dilma Rousseff y Cristina Fernández, colegas y amigas que podrían estar en tribunas opuestas el 13 de julio, en Río de Janeiro.
¿Y si se repite la historia de 1950? Tal vez en ese caso sea tiempo de aceitar la diplomacia preventiva para no perder al principal socio comercial y político, o conferirle a Francisco una mediación apenas algo menos compleja que la de Medio Oriente. Dios quiera.

