La Historia en primera persona
El primer presidente negro en la Sudáfrica de la segregación.
El primer presidente negro en la Sudáfrica de la segregación. El que marcó el fin de la vergüenza del apartheid. El hombre que simbolizó la lucha por la libertad de todo un pueblo. El estadista que eligió gobernar sin revanchismos, pese a padecimientos grabados en su legajo personal que lo hubieran absuelto de toda imputación (ver Murió Mandela, el hombre que derrotó al "apartheid"). Cualesquiera de estas condiciones esparcidas hoy en obituarios de todo el mundo marcaría apenas un tramo de la inmensa vida de quien por años fue el preso más famoso y emblemático, al que sin embargo no todos miraron con igual admiración y empatía en su momento. Nelson Mandela murió ayer a los 95 años y con él se lleva una parte imprescindible de la historia del siglo 20. Madiba era uno de los sobrevivientes de una época, el emblema al que esta hora los líderes más diversos del planeta ponen de ejemplo o juran haber tenido como inspiración. Pero él, más allá de quienes en este último tramo de su vida hayan querido adueñarse de lo que representaba su figura, es de los pocos que podían escribir la historia de la humanidad en primera persona, con sus penurias y su heroísmo. Hay quienes le endilgan no haber renovado su mandato o no haber completado su legado para erigir una Sudáfrica más justa y menos desigual, pero la dimensión de su estatura política es incuestionable. En estas páginas y en el suplemento especial en su memoria, aristas de la vida del hombre que hizo historia en carne propia.
Frases que lo pintan
Libertad. "Estoy aquí ante ustedes de pie, no como profeta, sino como un humilde servidor para ustedes, el pueblo. Sus incansables y heroicos sacrificios hicieron posible que hoy esté aquí. Por lo tanto, pongo en sus manos el resto de años que me quedan de vida", dijo Mandela en su discurso ante una multitud tras salir de prisión el 11 de febrero de 1990.
Premio. "Nunca permitan que las futuras generaciones digan que la indiferencia, el cinismo o el egoísmo no nos permitieron alcanzar los ideales del humanismo que encapsula el Premio Nobel de la Paz", dijo al recibir el galardón el 10 de diciembre de 1993.
Juramento. "Ha llegado el momento de sanar las heridas. Ha llegado el momento de zanjar los abismos que nos dividen. El tiempo de construir está ante nosotros", expresó al jurar como presidente.
Cumbres. "Descubrí un secreto: después de subir una enorme cima, uno sólo encuentra que hay muchas más cumbres por subir", escribió en su libro autobiográfico.

