La falta de diálogo es la clave del momento actual
El Parlament de Catalunya ha aprobado unilateralmente la declaración de independencia. Como era de esperar, el gobierno central ha iniciado un recurso ante el Tribunal Constitucional contra dicha declaración.
El Parlament de Catalunya ha aprobado unilateralmente la declaración de independencia. Como era de esperar, el gobierno central ha iniciado un recurso ante el Tribunal Constitucional contra dicha declaración. La dilatada historia de la negación al diálogo por parte del gobierno de España con la causa independentista nos lleva una vez más al estancamiento en una situación que se predice que se estirará en el tiempo, porque desde las elecciones autonómicas del 27 de septiembre, no se constituyó un gobierno, ni se invistió un presidente. Artur Mas, el único candidato a la presidencia de Catalunya, no tiene el apoyo de su aliada, la Candidatura de Unidad Popular (CUP) en su coalición con Junts pel Sí (Juntos por el Sí).El presidente en funciones ha hecho malabares para que el discurso de investidura sonara aceptable hasta para los 1,66 millones de desocupados de Cataluña, responsabilizando al Estado de la situación de emergencia social en la que se encuentra la autonomía. Parece que Mas se olvida de su apoyo a políticas de privatización y de austeridad extrema, que están detrás del drama social catalán.El proceso secesionista sólo puede llevarse a cabo con la convocatoria de un referéndum. Y he aquí las deplorables consecuencias que ha traído la incompetencia de Mariano Rajoy en su negación al ejercicio de la política para el que está en función. En este sentido, cabría analizar por qué las necesidades propias de la evolución de una sociedad como la catalana siguen quedando relegadas a cuestiones jurídicas y no de consenso, como corresponde a un Estado democrático de derecho.
El motivo de la radicalización
Con la convicción de que Cataluña no podía desarrollarse conforme a su potencial económico y social, en 2006 se elaboró un nuevo estatuto que da como clave de la historia de este conflicto la falta de diálogo entre ambos gobiernos. Es lógico que los estragos de la crisis que han sometido a España a un proceso de recesión económica y social hayan alimentado nuevamente los ánimos del independentismo catalán, esta vez sufragado también por Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), partido nacionalista que nunca antes se había definido como separatista.
La falta de perspectiva de una Catalunya próspera instalada en plena depresión, con índices de desocupación y pobreza inauditos en la historia de la democracia, ha radicalizado la idea secesionista en una importante mayoría catalana.
Tras las polémicas elecciones del 27 de septiembre en Cataluña, convertidas en un plebiscito más que en una contienda electoral, se estancaron las negociaciones entre la coalición que ha obtenido más votos, Junts pel Sí (Esquerra Republicana, CDC y soberanistas) con 62 diputados, y el partido independentista y antisistema, la CUP, con 10 diputados, de apoyo indispensable para iniciar el proceso de secesión que el 48 por ciento de catalanes anhela.
Sin diálogo que haga posible frenar la atropellada osadía de unos y la falta de recapacitación de otros, aunque no hay una mayoría suficiente para que Cataluña sea independiente, sí existe una mayoría suficientemente importante para percibir que hay una voz unida de un pueblo a la que cabría escuchar desde la voluntad de un diálogo comprometido.

