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La cultura y Fidel, dentro y fuera de la isla

Durante el último medio siglo, la figura del Castro funcionó como inspiración o como yugo para muchos hombres de la cultura. Todas las ramas del arte en los cinco continentes abordaron de un modo u otro a Fidel. Ayer se profundizaron las posiciones en torno a su legado.

27 de noviembre de 2016 a las 12:01 a. m.
La cultura y Fidel,  dentro y fuera de la isla
De película. Oliver Stone se mostró cercano a Castro.

No hubo medias tintas: o lo veneraron con devoción o lo odiaron hasta aplaudir su muerte. Pero si algo quedó fuera de la paleta de sentimientos que despertaba el hombre de cuya barba brotaba un cigarro, fue la indiferencia. Fidel Castro había colgado su uniforme, pero su sola existencia, aunque camuflada de sombras, no cesó de generar miradas opuestas.

LA MUERTE DE FIDEL. Canal especialLa relación del campo cultural cubano estuvo siempre signada por el verde oliva. Pero hacia afuera de la isla, el brillo y la sombra de Castro también teñían lienzos, inspiraban páginas y echaban a rodar películas. En este sentido su figura puede descubrirse (explícita o implícitamente) en la obra de muchos cineastas.Incluso el propio Castro se desempeñó como extra en las películas Escuela de sirenas y Vacaciones en México , a finales de la década de 1940 (en esta última, interpreta a un bailarín en una coreografía). Su amigo Gabriel García Márquez dijo que era "el cineasta menos conocido del mundo", en ocasión de la creación la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños.Sin embargo, el realizador que más cerca estuvo del líder fue Oliver Stone, más allá de la mención que hace en su película JFK . Mediante los documentales En busca de Fidel y Comandante , que suman más de 30 horas de grabación con entrevistas, Stone pinta el costado menos conocido de Castro, con tópicos como la salud y la vida sexual del cubano.La figura de Castro también aparece en obras de directores como Woody Allen (con su película Bananas ), o el mismísimo Alfred Hitchcock (con su filme Topaz ). Dos mundos Intelectuales de fuste y artistas encumbrados se cuentan entre ambos "bandos". Hay quienes profesaron abiertamente su compromiso con ese fantasma añejo que vive en cada pared de cada edificio en Cuba: la revolución, y también quienes opusieron resistencia a ese concepto y a lo que implicaba para el pueblo cubano.La Revolución, asociada siempre a fuerzas que se movilizan para promover cambios, funcionó siempre como inspiración o como yugo para muchos hombres de la cultura, dentro y fuera de la isla.En el ámbito de la literatura, es insoslayable el paso de una de las plumas emblemáticas del siglo 20 por Cuba, la del norteamericano Ernest Hemingway. Aunque se desconocen las razones por las que el ganador del Pulitzer por El viejo y el mar abandonó la isla, hay constancia de que se conocieron en 1960 y de ese cruce nació una breve amistad.En el mundo de las letras, por estas horas ya se pueden palpar las antípodas. Mario Vargas Llosa, un temprano entusiasta del régimen cubano, declaró al diario El País de España que a la figura de Castro "no la absolverá la historia". Vargas Llosa conoció la desilusión cuando integraba, en sus años mozos, el nutrido grupo de intelectuales que visitaban a Castro en Cuba.En esa oportunidad, según cuenta, quedó impactado por el peso del estado que proponía Fidel. Represión y persecución. Y tolerancia cero para quienes no se ajustaran a la mal llamada "normalidad". "A los homosexuales, Castro los llamaba enfermitos", evocó el escritor. De igual manera, el mejicano Juan Villoro manifestó apenas difundida la noticia: "Tengo la edad de la revolución cubana y hemos envejecido juntos. Fue la depositaria de muchos ideales de justicia social, pero ella misma los fue traicionando". El río suena Cuando en 2006 Fidel Castro legó la silla a su hermano Raúl, se avizoraban aires de cambio, y el músico Pitbull, nacido en la isla y radicado en Estados Unidos, compuso Ya se acabó . Una parte de la letra deja bastante clara su postura (se rumoreaba entonces que Fidel estaba mal, sino muerto): "Ahora a empezar de nuevo, ojalá que se caiga el viejo. ¡Que se calle la boca! ¡Ya se acabó!".En el anecdotario del paso de Castro por el poder quedarán ­grabadas las postales del coto puesto a diferentes artistas, que duró hasta mediados de 2012. Entre las figuras proscriptas, integraban la lista negra Celia Cruz y Gloria Estefan.La crítica al líder no se permitía sobre las veredas, mucho menos en una pieza artística.La otra cara de esa moneda es Silvio Rodríguez, cantautor cubano, quien mostró en reiteradas ocasiones su admiración por el líder. Rodríguez hizo público un escrito en las últimas horas. Bajo el título de "Gloria eterna a Fidel", dijo: "Mis hondas condolencias a sus familiares, al pueblo de Cuba, al Mundo y a todo el universo por la pérdida de uno de los seres humanos más extraordinarios de todos los tiempos".En la otra orilla encontramos a su compañero de trova, Pablo Milanés, quien rompió lanzas con Rodríguez hace un tiempo. Y es que el autor de Ojalá declaró en una oportunidad que Milanés había vendido el alma al diablo, al referirse a la empatía que generaba el cantante entre los anticastristas afincados en Miami. Otras ramas Son amplios los espectros culturales en los que la existencia de Fidel Castro dejó huella. Para bien o para mal. El exmandatario también tenía sus parámetros ­para compartir con la comunidad de pensadores y artistas. Así al menos lo hizo saber en el discurso "Palabras a los intelectuales" pronunciado en la Biblioteca Nacional de Cuba, en 1961. Foco de innumerables análisis desde distintas ópticas, "Palabras a los intelectuales" también llevaba implícita la ideología férrea del régimen y, como todo discurso de Fidel, trazaba las alternativas para la producción y consumo de bienes culturales: "Dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada".No son pocos los entendidos que afirman que la hegemonía discursiva fue siempre la finalidad ulterior de sus alocuciones mesiánicas.Seguramente el recuerdo de Castro reforzará todavía más la línea divisoria entre sus simpatizantes y sus detractores. El mundo jamás dejó de girar, y sin embargo el hombretón de voz profunda y porte inconfundible que protegía a la isla del resto del universo, pareció siempre empecinado en mantener un status quo que comenzó a descascararse paulatinamente.Por los intersticios de esas fisuras se colaron los Rolling Stones en un recital histórico en La Habana. "Durante un tiempo fue difícil escuchar nuestra música. Pero aquí estamos", dijo Mick Jagger en su presentación, en marzo de este 2016.La sensación en diferentes ámbitos culturales es una sola: al final, por mucho que nos opongamos, hay cosas que en algún momento tienen que ocurrir. La desa­parición física de Fidel Castro era inevitable. También lo será su presencia en cada manifestación artística que haga referencia al pueblo que lo acompañó hasta el último aliento, vitoreando su nombre o festejando su inevitable decadencia.