La bomba de tiempo de las aguas territoriales alemanas
En el fondo del Mar Báltico yacen proyectiles de fósforo que lanzaron aviones británicos en 1943. Aún más inquietante es la presencia de toneladas de agentes químicos.
Berlín. Usedom, la perla alemana del Mar Báltico, está a sólo dos horas y media en auto desde Berlín. Desde que cayó el odiado muro, la isla ha vuelto a convertirse en lo que era antes de la llegada de Hitler al poder: un hermoso y elegante balneario con lujosas villas palaciegas construidas en la primera línea de playa donde vivían –durante seis semanas al año– los ricos aristócratas prusianos. En su época dorada, dos emperadores alemanes –Friedrich Wilhelm II y III– fueron asiduos visitantes de la isla.
La isla se extiende unos 30 kilómetros de un extremo a otro, está bendecida con aguas cristalinas, respira historia por todos sus rincones y ofrece, de vez en cuando, un raro y cautivante fenómeno natural. Cuando las condiciones atmosféricas son propicias, el roce del viento con la suave capa de arena blanca produce un sonido que se asemeja a una pequeña orquesta invisible de violines.
La hermosa isla también ofrece otra sorpresa que no aparece en ninguna guía turística y que fue ignorada durante décadas por las autoridades, pese a que cada año se registran peligrosos accidentes como el que vivieron Silvio Dena y su esposa Silvia en el verano de 2012. En un paseo por la playa, Silvia encontró un trozo de piedra que confundió con ámbar. Feliz del hallazgo, lo metió en el bolsillo de su vaquero y la pareja se subió al auto para visitar otro lugar. En el trayecto, la mujer se horrorizó cuando vio que salían llamas de su pantalón.
Detuvo el coche, se bajó y se arrancó con desesperación el vaquero encendido. La pequeña piedra, gracias al calor del cuerpo humano, se había convertido en una peligrosa bomba incendiaria, una característica que sólo posee el fósforo. “No fue un accidente aislado”, confesó el biólogo marino Stefan Nehring. “Todos los años, y desde que finalizó la guerra, se producen accidentes de ese tipo”.
70 años después
Parte del lecho del mar Báltico que baña las playas de Usedom, está cubierto por bombas de fósforo que fueron lanzadas por la Real Fuerza Aérea (RAF) para destruir la planta de Peenemünde. En ella, Wernher von Braun estaba construyendo sus famosas y mortíferas V2, los cohetes que aterrorizaron a la población de Londres. La noche del 17 de agosto de 1943, 596 bombarderos de la RAF lanzaron unas cuatro mil bombas de fósforo sobre las instalaciones. Cerca de un 40 por ciento de las bombas cayó al mar, al este de Peenemünde. A 70 años del bombardeo, las bombas siguen activas. Por la corrosión, el fósforo comenzó a salir a la superficie y, cuando la corriente es favorable a causa de las tormentas, las piedras de color amarillo llegan a la playa. Un peligro para coleccionistas de ámbar que caminan entre Peenemünde y Zinnowitz. Si pedazos de fósforo se calientan a una temperatura de 20 grados, se encienden espontáneamente y pueden alcanzar hasta 1.300 grados centígrados.
“Las autoridades de Usedom conocen el problema pero no hacen nada para resolverlo porque no quieren alarmar a la opinión pública”, dijo Stefan Nehring. “Pero no es el único problema. Si buscamos restos de municiones en el lecho marítimo de la isla, hallaremos muchas sorpresas. El mar Báltico se ha convertido en una bomba de relojería porque en su lecho hay más de 100 mil toneladas de armas químicas y otras 200 mil toneladas de municiones convencionales. La corrosión puede permitir que el material químico llegue a las cadenas alimenticias”, acotó el biólogo.
Casi siete décadas después del fin de la guerra, la situación en el Báltico y en el Mar del Norte volvió a ser noticia, gracias a un informe patrocinado por la organización Munition im Meer, que dirige Jens Sternheim, funcionario de Medio Ambiente del Land de Schleswig Holstein.
*El País de Madrid

