Grant Park, cuatro años después de aquella euforia
Es la ciudad que para esta altura de 2008 estaba en ebullición por la expectativa de que Barack Obama fuera elegido presidente.
Hoy, cuatro años después, el frío de un invierno adelantado parece reflejar el espíritu de indiferencia que se respira.
Aunque los informativos y programas de interés general sólo hablan de las elecciones, parecen referirse a una realidad paralela. En las calles no se advierte para nada espíritu electoral. Y si uno pregunta, el resultado es revelador. “¿Sabe dónde queda la sede del Partido Demócrata?”. Ni idea. La misma respuesta compartida por 10, 15, 20 personas.
Sin embargo, sí hay gente comprometida. Fuera de la vista, trabajando duro durante los últimos días de la campaña, están los militantes. Aquí se los llama voluntarios y se dedican a hacer llamadas telefónicas, visitar barrios casa por casa e incluso viajar a otras ciudades donde peligra la elección. Ayer, salieron a las 6 o 7 de la mañana desde distintos puntos de la ciudad. Algunos fueron a Wisconsin y otros a Iowa. La misión, convencer a los indecisos. ¿Misión imposible? Mañana lo sabremos.
A la pregunta de ¿Vas a ir a votar? Tessy responde sin mucha convicción: “Calculo que sí”. Acaba de participar de la Hot Chocolate Race , una especie de maratón familiar en la que al final del recorrido se reparte chocolate caliente para todos.
Otro maratonista condiciona la posibilidad: “Voy a ir a votar si veo que peligra la reelección de Obama, si no…”, nos dice Adam, papá de mellizos de dos años que participaron de la maratón en cochecito. La mamá de los nenes parece más entusiasta. “Yo sí voy a ir, pero no es porque esté tan contenta con el gobierno, ¿eh?”
El lugar de la carrera es Grant Park, el mismo enorme parque en el que durante la noche del 4 de noviembre del año 2008 decenas de miles de personas se congregaron a festejar la promesa de cambio que significaba la elección del primer presidente afroamericano de los Estados Unidos.
“Tenés razón, me acuerdo”, dice Kathlyn (“con y”, remarca), una profesora de física que mira hacia donde estuvo el estrado desde el que habló Obama aquella noche de 2008. “Por Dios, parece que hubiera pasado un siglo”.

