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Exlíder estudiantil dice que el mundo se arrodilla ante China

Wuer Kaixi vive exiliado en Taiwán tras los sucesos del 4 de junio de 1989. Acusa a Occidente de haberse acostumbrado al “absurdo del régimen chino”.

01 de junio de 2014 a las 12:01 a. m.
Agencia DPA
Exlíder estudiantil dice que el mundo se arrodilla ante China
Así se ve hoy. La Plaza de Tiananmen fue escenario de la represión del régimen contra los manifestantes, liderados por estudiantes que reclamaban cambios (AP).

Taipei. Tras la masacre del 4 de junio de 1989 en la Plaza de Tiananmen, Wuer Kaixi pasó a la lista de los más buscados por la cúpula de Beijing. El exlíder estudiantil logró huir a Hong Kong y hoy vive exiliado en Taiwán. En cuatro ocasiones, este hombre de 46 años intentó regresar a su país y presentarse ante las autoridades, pero fue rechazado. Ahora cuenta qué lo impulsa a seguir luchando y por qué cree que la política occidental hacia la cada vez más poderosa China es peligrosa.

–Es uno de los líderes estudiantiles de 1989 más buscados, pero China no lo quiere. ¿Por qué?

–Me convertí en persona no grata. El asunto no carece de ironía, y también por eso intento una y otra vez que me detengan en China. El mundo llegó a un punto en el que se acostumbró al absurdo del régimen chino. El mundo hace cola para peregrinar a Beijing y estrechar la mano de los asesinos, a fin de hacer negocios, ofrecer acceso al mercado o incluso para ser rescatados de la crisis.

–¿Olvidó el mundo la masacre de Tiananmen?

–Es difícil olvidar Tiananmen. Los recuerdos siguen muy presentes, así que el mundo comenzó a hacerse su propia imagen de los hechos. Algunos dicen que los estudiantes eran demasiado extremistas. O escuchamos críticas que sostienen que los estudiantes contribuyeron a la masacre o la provocaron. Es absurdo cómo se culpabiliza a los perseguidos.

–¿Puede ser que el gobierno no quiera llevarlo ante la Justicia porque entonces tendría que abordar el movimiento prodemocrático?

–Así es. En 1989, los estudiantes exigimos el diálogo. La palabra china duihua significa algo así como intercambio de palabras, lo que supone algo más que negociaciones. Los ciudadanos chinos querían participar en la formación de su gobierno, y eso exigimos hace 25 años. Hace cinco intenté por primera vez entregarme. Si hubiera tenido éxito, habría seguido exigiendo ese diálogo, aunque fuera en un tribunal entre acusación y defensa. Pero no me quieren allí porque no quieren dialogar.

–En aquel entonces murieron cientos de personas. ¿Se siente culpable como superviviente?

–Sí, nunca lo superaré, pero es una suma de muchas cosas. Lo describo como la sensación de ser el capitán de un barco hundido, que siempre estará ahí. Nosotros, la generación de Tiananmen, crecimos idealistas, queríamos liberar al mundo con la maravillosa idea del comunismo. La idea se hundió hace tiempo, pero lo que hoy nos convierte en idealistas es la idea de libertad.

–¿Qué siente ahora que se acerca el 25º aniversario?

–Ya hace cinco años, cuando se conmemoró el 20º aniversario, me sentí confundido. Era 2009, poco después de los Juegos Olímpicos, poco después de la Expo Mundial de Shangai. Era la época de la crisis financiera, todo el mundo miraba a China como el salvador que podía sacarlos del agujero. China consigue lo que quiere, fuerza al mundo a aceptar sus valores. Hoy, cinco años después, ¿cambió algo? No. El tiempo que he vivido en el exilio es ya mayor que el que pasé en China. Sufro mucho. Pero mi tristeza no es comparable con la de las madres de Tiananmen.

Herederos del poder

–Deng Xiaoping está muerto y otros de los responsables no están en el poder. ¿Por qué los nuevos líderes no son capaces de abordar este oscuro capítulo?

–El problema es que el actual régimen comunista se convirtió en una comunidad de intereses. Una unión de “principitos” (hijos de líderes) y tecnócratas convertida en grupo dominante se beneficia del poder. Hoy, China habla de luchar contra la corrupción, pero la gran corrupción en China es legal y sistémica.

–¿Qué reformas son necesarias a su juicio?

–Creo que la cúpula podría optar entre tres direcciones. La más sencilla sería introducir elecciones libres en cada circunscripción, a fin de llevar la democracia a las bases. China es un imperio enorme, hay unas tres mil circunscripciones que deberían elegir a sus propios delegados. El Partido Comunista tiene que entender que la democracia resuelve problemas. En las circunscripciones es donde se construye el tejido social, se distribuye el bienestar y se resuelven las contradicciones. Mi segunda propuesta sería un sistema judicial independiente. Y la tercera, libertad de prensa. Cualquiera de las tres salvaría al Partido Comunista.

–¿Cómo debería comportarse el resto de los países con China?

–El mundo se arrodilla ante China. Al contrario que las empresas, los gobiernos no deberían tener fines lucrativos, sino ser guardianes de la libertad. Los políticos deberían defender la libertad. Nuestra tarea como chinos es luchar por la democracia, pero Occidente no debería apoyar al bando equivocado. Exijan derechos humanos. Exijan valores y esperen una respuesta. Eso les pido.

Una matanza silenciada

Cómo fueron los hechos. La muerte de Hu Yaobang, líder de la República Popular China, el 15 de abril de 1989, dio inicio a una serie de manifestaciones lideradas por estudiantes. Protestaban contra la represión, la corrupción, el desempleo, la inflación. Tras exigir el fin de las marchas, el Partido Comunista decidió suprimirlas por la fuerza, en lugar de acceder a sus reivindicaciones. La ley marcial fue dictada el 20 de mayo, pero los reclamos continuaron. La noche del 3 de junio, el régimen envió tanques e infantería a la Plaza de Tiananmen. Al día siguiente, la represión fue brutal, aunque no hay cifras oficiales de muertos. La CIA estima que hubo entre 400 y 800 víctimas fatales. La Cruz Roja China habló alguna vez de más de 2.500 muertos. A su vez, el número de heridos se estima entre 7 y 10 mil. Después, el régimen emprendió una dura política de represión y controló la cobertura de los acontecimientos. En el país no se habla de la masacre. Incluso los recuerdos personales pueden ser considerados subversivos. Si bien hubo transformaciones en 25 años en China, el gobierno todavía oculta lo que ocurrió el 4 de junio en Tiananmen.