Europa, con cuatro frentes abiertos
La amenaza terrorista, el conflicto ucraniano, la crisis griega y la ola migratoria son los desafíos que intenta resolver Europa en estos días.
Con los atentados en Francia y la sombra terrorista sobrevolando todo el continente; con la maratón diplomática para acabar con el conflicto que desangra a Ucrania; con la asunción de Syriza en Grecia y su desafío a la UE, y con los migrantes que siguen muriendo en su desesperado intento por pisar sus costas, Europa ha vuelto a ocupar los casilleros centrales del tablero mundial. Tras los ataques del 7 de enero contra la revista satírica Charlie Hebdo en París y después de que líderes del viejo continente marcharon por la capital gala para escenificar su unión contra el yihadismo, llegó la hora de medidas concretas.En las últimas semanas no se frenaron las redadas ni detenciones de supuestos extremistas en varios países, sobre todo en Bélgica. Pero, ahora, Europa discute medidas coordinadas contra este enorme desafío.Es que son más de tres mil los jóvenes nacidos en suelo europeo que se fueron a hacer la "guerra santa" a Irak y Siria. Y lo que más preocupa es su retorno.Por eso, la UE tiene previsto aprobar un registro europeo de datos de los pasajeros aéreos, como así también controles sistemáticos en las fronteras exteriores del espacio Schengen, el área creada en 1995 para suprimir fronteras comunes entre los países del bloque. El miércoles, los eurodiputados se comprometieron a dar luz verde a estas medidas antes de fin de año.Casi en forma paralela, se llevaba a cabo en Minsk una maratónica cumbre que mantuvo en vela a Angela Merkel, François Hollande, Vladimir Putin y Petro Poroshenko. Los mandatarios estuvieron toda la noche intentando imponer sus condiciones, hasta que el jueves por la mañana dieron a luz un quebradizo acuerdo que genera ilusión, pero también mucha prudencia.Poroshenko logró la promesa de que las regiones tomadas por los separatistas prorrusos volverán a responder al poder central y que se celebrarán nuevos comicios locales. Putin consiguió el compromiso de que esas provincias, pegadas a su frontera, tendrán mucho más autonomía para mantener así su influencia sobre la zona. Y los ucranianos obtuvieron un alto el fuego que comenzaría a regir mañana y la retirada de armamento pesado.Sin embargo, lo firmado en Minsk no es más que una hoja de ruta. El propio Poroshenko llamó ayer a no hacerse ilusiones. Muchas cosas pueden pasar hasta mañana. Ceder para pactar Al mismo tiempo, la negociación entre la UE y el nuevo gobierno de izquierda griego sigue adelante. Atenas quiere un programa puente que le permita hacer frente a los pagos que tiene por delante, pero no quiere las condiciones que le exigen sus socios. Por condiciones entiéndase reformas y ajustes. En cambio, el Eurogrupo pretende no soltar un euro más si Grecia no se compromete por escrito a implementar esas reformas.Sin embargo, los discursos son cada día menos combativos e intransigentes. Todos quieren llegar a un acuerdo y el calendario juega su papel. Por eso, Atenas confía en que su cita del lunes con el Eurogrupo encamine un pacto. Para eso, cada quien deberá ceder algo.En tanto, ni siquiera la ola polar que azota el Mediterráneo detiene la ola migratoria. Desde Libia, Marruecos o Túnez, las barcazas siguen zarpando. Los mercaderes de personas tienen una nueva táctica: apuntan la proa hacia las costas europeas y abandonan las embarcaciones. El destino de los migrantes queda así en manos de los radares y guardacostas europeos. Esta semana, más de 400 personas en cuatro botes emprendieron el arriesgado viaje. A Italia llegaron menos de 100.

