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Esto también es terrorismo

Esta masacre en Charleston invoca dos fantasmas que no pueden ser exorcizados de suelo estadounidense: el racismo y la libertad de portación de armas.

20 de junio de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Esto también es terrorismo

"No voy a matarte. Voy a perdonarte para que puedas contar al resto lo que sucedió". Ese tétrico deseo del joven blanco Dylann Roof salvó la vida de uno de los feligreses que el miércoles por la noche se encontraba en la iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel. Alrededor de atacante y sobreviviente, había ocho cuerpos sin vida y un herido que se sumaría horas más tarde al listado final de víctimas fatales de la enésima matanza en suelo estadounidense, una masacre que pone a todo un pueblo frente al espejo. Sin embargo, el reflejo debe ser tan grotesco que prefieren desviar la mirada. Acostumbrados como estamos a vincular la palabra terrorismo con atentados perpetrados por el extremismo islámico, ya sea en la lejana Asia o en algún rincón del mundo occidental, es necesario aclarar que esta masacre ocurrida en Carolina del Sur tiene los condimentos típicos de un acto terrorista: violencia; autoría de un individuo o grupo no gubernamental; motivaciones políticas, sociales o religiosas; y la intención de intimidar a un público más amplio que las víctimas inmediatas.A estos elementos se agrega el simbolismo del lugar atacado. Roof manejó dos horas desde su pueblo hasta Charleston, para llevar a cabo su matanza dentro de un templo que constituye uno de los emblemas de la comunidad afroamericana de Estados Unidos.Su intención era clara, el mismo atacante la confesó ayer a la policía: buscaba iniciar una guerra racial. Y quiso aprovechar la cólera de la comunidad negra del país, que en los últimos meses ha sufrido incontables abusos por parte de autoridades policiales. Pero en vez de eso, lo que generó fueron más preguntas sin respuestas sobre el accionar de estos llamados "lobos solitarios", cuyos ataques mantienen desvelados a los especialistas en inteligencia antiterrorista.Roof dio pocas señales sobre sus intenciones. Ahora circulan fotos del atacante que incluyen símbolos de regímenes de segregación racial; sus amigos cuentan que su discurso se radicalizó en los últimos días; su padre revela que le regaló un arma para su cumpleaños... Pero no fueron pistas suficientes para encender las alarmas. Más aun cuando los radares antiterroristas de Estados Unidos están programados para otro tipo de perfil, uno que incluye largas barbas y el Corán bajo el brazo.Previsible o no, esta nueva masacre invoca dos fantasmas que no pueden ser exorcizados de suelo estadounidense: el racismo y la libertad de portación de armas.El primero en acusar el golpe fue el presidente Obama, quien hace unos años amagó con imponer restricciones a las armas de fuego tras la matanza de 26 personas, entre ellas 20 niños, en una escuela primaria de Connecticut.En un ataque de sinceridad, el mandatario recalcó: "Debemos admitir que este tipo de violencia no se observa en otros países desarrollados". Por un momento, intentó dar vuelta el espejo y enfrentar a los estadounidenses con su propio reflejo. Pero lo más probable es que no haya debate profundo sobre racismo o sobre violencia, sino que se refuerce de manera ostensible la vigilancia en los lugares de culto. Es más simple enfrentar armas con más armas, y miedo con más miedo.