“Esta es una oportunidad para cambiar las reglas políticas de Brasil”
Entrevista al alcalde de San Pablo, Fernando Haddad. Ex ministro de Educacióncon Lula y en los primeros años de Rousseff, el “prefeito” de la ciudad más poblada del continente insta a derribar muros para superar brechas entre ricos y pobres.
"Un proyecto pedagógico no puede ser hecho dentro de un gabinete. No es quedándose dentro de las aulas que se educa, sino en los espacios públicos donde se superan las dificultades… Así, los muros entre ciudad rica y ciudad pobre comienzan a ser derribados". Esas y otras sentencias dejó semanas atrás, a su paso por Córdoba, Fernando Haddad, quien entre 2005 y 2011 fue ministro de Educación de Brasil y en 2012 se convirtió en prefeito (intendente o alcalde) de la ciudad más populosa del continente. Entre actos compartidos con el intendente Ramón Mestre, reuniones con políticos locales y la ceremonia donde recibió el Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba, Haddad abordó con La Voz del Interior diversas aristas del presente de su país y de San Pablo, urbe que gobierna como miembro de una camada joven (en enero cumplirá 52 años) del Partido de los Trabajadores (PT). –¿Cómo se hace para gobernar una megalópolis como San Pablo? –Con diálogo. No hay otra alternativa. Tenemos muchas fuerzas actuando en la ciudad para decidir sobre su desarrollo, pero es muy importante intentar superar las contradicciones que existen entre el sector inmobiliario, la preservación de la ciudad, el espacio para el auto privado, para el transporte público... Tenemos que priorizar aquello que dará sustentabilidad a nuestro proyecto de una ciudad mejor. Los mejores alcaldes, los más inteligentes, son los que toman decisiones. "La gente quiere más" –Usted dice que la educación debe traspasar muros y recuerda cómo, en la época del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, 30 millones de personas pasaron a la clase media y 40 millones salieron de la pobreza extrema. ¿Cómo se hace para superar barreras en un país como Brasil, con esas brechas? –Cuanto más desigual es el país, más fácil es tomar las primeras medidas. Lula tomó medidas que eran obvias, pero que no se tomaban antes. Él utilizó 0,5 por ciento del Producto Nacional para combatir la pobreza. Medio por ciento no es nada, pero se combatió la pobreza directamente y los resultados son increíbles en términos de expectativa de vida, mortalidad infantil, escolarización… Pero la gente quiere más y tenemos que imaginar nuevas acciones para seguir cambiando. La sociedad quiere más cambios e incluso cuando reelige a Dilma (Rousseff) lo hace pidiendo eso… –San Pablo fue el lugar más refractario a Rousseff y donde ella sacó menos votos. ¿Qué opina de la frase acuñada por paulistas de que Dilma ganó sólo con votos del nordeste y de los pobres que reciben subsidios? –No es verdad, los números son otros. Aécio (Neves) perdió en su propio estado, el de Minas Gerais, que es del sur. En Río, Dilma ganó también. En San Pablo tenemos un problema: la derecha es hoy mucho más fuerte, está mucho más organizada y tiene una posibilidad real de crecer. Por lo tanto es un desafío después de 16 años de poder, ocho de Lula y ocho de Dilma. –Hubo manifestaciones de la derecha en su ciudad, donde unos pidieron un "impeachment" a la presidenta y otros un gobierno militar. ¿Qué representan? –Es un grupo pequeño que expresa un sentimiento real, pero no movilizador. Escándalos en el PT –Usted integra la nueva camada del PT. ¿Cómo supera el partido estigmas como el Mensalão o las denuncias en Petrobras, para seguir construyendo una mayoría? –Veo esta situación como una oportunidad para cambiar las reglas políticas de Brasil. Esto es nuevo para la población, pero no como estructura de poder. Las empresas, las financieras, los bancos, los medios se organizan en carteles desde siempre. Esos grupos han nacido durante el régimen militar. Todos son provenientes del mismo período y toman gran parte de la política, así que es una gran oportunidad para cambiar… –¿Esos cambios se incluyen en la reforma política que propone Dilma? –La principal cuestión es prohibir el financiamiento empresarial de las campañas políticas. Tiene que ser pública… –¿Y el fin de la reelección que propuso Marina Silva? –No es importante. ¿Cuál es la diferencia entre un mandato de ocho años o dos de cuatro? Lo importante es no permitir tres o cuatro mandatos seguidos. Para volver a crecer –¿Se viene una etapa de ajustes? ¿Quién es el próximo ministro de Hacienda, Joaquim Levy, y por qué lo apodan "Manos de Tijeras"? –El próximo ministro de Hacienda fue del equipo de Lula. No es una novedad. Es una persona muy bien formada. Creo que se harán cosas graduales para recolocar la economía en la ruta del crecimiento. –¿Cuáles serían las medidas más urgentes para retomar ese camino? –Más diálogo entre el empresariado, anuncios previos de las metas, no cerrar los ojos ante las dificultades del momento y superar una cierta crisis de confianza que se estableció entre empresarios y gobierno. Los fundamentos de la economía brasileña son más sólidos que en la gran mayoría de los países que están creciendo. Entonces, el quedo en el crecimiento no se explica por esos fundamentos sino por falta de confianza. –Argentina, el Mercosur y la Unasur, ¿siguen siendo prioritarios para Brasil en materia de integración? –Totalmente, sigue igual. –Aécio y el discurso opositor pedían otras vías… –A los tucanos (apodo de los miembros del Partido de la Social Democracia Brasileña) no les gusta América latina. Ellos no esconden que no les gusta.
2018, carrera lejana
–En la noche triunfal del 26 de octubre, usted clamó por Lula otra vez candidato…
–Lula va a tener entonces 73 años, un chico todavía (risas), y creo que tiene todas las condiciones para ser candidato a presidente por el PT.
–¿Y usted de ser alcalde?
–Esta de alcalde fue la primera elección que afronté. Ahora estoy trabajando como prefecto y, si me enfocara en otros asuntos, perdería la posibilidad de trabajar bien en lo que debo.

