Especulaciones en asedio a la capital del “califato”
Cada uno reclamará su parte el día que Mosul sea liberada de los islamistas.
Cuando a inicios de junio de 2014 los milicianos del Estado Islámico irrumpieron de madrugada en la ciudad de Mosul, el mundo no tomó real conciencia de lo que ello significaba.
La captura de la segunda ciudad iraquí se produjo al cabo de menos de una semana de asedio yihadista sobre un lugar emblemático por su ubicación, por las armas y pertrechos militares que se hallaban en él, por su riqueza petrolera y por preciados tesoros que albergaban sus bancos. Entre estos últimos, casi 500 millones de dólares entre dinero y lingotes de oro alojados en las bóvedas del Banco Central allí emplazado.
Así, el Estado Islámico, que ya había dado muestras de su crueldad en otros puntos del territorio iraquí, puso en fuga al Ejército regular adiestrado por Estados Unidos y, aunque este contaba con 15 veces más efectivos, la milicia islamista se adueñó de su moderno arsenal. Veinte días después de tomar la ciudad, el 29 de junio de 2014, Abu Bakr Al Bagdadi, máximo líder del EI, proclamó allí su “califato”.
Desde entonces, las minorías sufrieron persecución y crímenes, fueran ellas musulmanes chiítas, cristianos yazidíes u otros grupos cuyas mujeres y niñas fueron tomadas como esclavas sexuales o ejecutadas por negarse a ello. El Estado Islámico se encargó también de difundir sus matanzas y tormentos como propaganda para infundir terror y reclutar adherentes. La práctica lanzada desde Mosul se potenció luego en Al Raqqa, la “capital” siria de los territorios que responden a Al Bagdadi.
Ahora que la “ofensiva final” sobre la ciudad iraquí se ha iniciado, muchos ven que la pesadilla está cerca de concluir. Pero no son pocos los que temen que los intereses cruzados de quienes participan del asedio a la sede del “califato” sean el preludio de la próxima guerra.
Sólo el espanto yihadista ha unido en el mismo bando a la coalición encargada de los ataques aéreos liderada por Estados Unidos, con la avanzada por tierra del Ejército de Irak, los peshmerga kurdos, los milicianos chiítas de simpatías con Irán y los sunitas que se oponen al EI. Hasta allí llegaron también soldados de Turquía y algunos enemigos jurados del Gobierno de Ankara.
Cada quien reclamará su parte el día que Mosul sea liberada de los islamistas. Unos esperan una recompensa con territorios. Otros, exhibir su trofeo de guerra como despedida de ocho años en la Casa Blanca o como espaldarazo a su partido en una elección clave.

