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¿Es este el fin del unilateralismo norteamericano?

La aventura militar de Estados Unidos termina estrepitosamente, mostrando la obsolescencia no sólo de una política exterior basada en la fuerza, sino de un sistema internacional apoyado en un supuesto multilateralismo que nunca fue tal

18 de agosto de 2021 a las 12:05 a. m.
Carlos Juárez Centeno
¿Es este el fin del unilateralismo norteamericano?
Amontonados. Miles de personas buscan salir de Afganistán en avión desde Kabul. (Capitán Chris Herbert / Fuerza Aérea de EE. UU. A través de AP)

La sorpresiva victoria de los talibanes y la retirada de los Estados Unidos de Afganistán, graficada en una imagen con un helicóptero Chinook sobrevolando Kabul, no hace más que remitir a otra icónica imagen (como repitieron cientos de informativos alrededor del mundo), la de abril de 1975 con la evacuación del personal militar y civil norteamericano de Saigón. Sin dudas, debemos hacer honor a la sabia frase que dice, “una imagen vale más que mil palabras”.

Las imágenes de la sorpresiva toma del palacio presidencial nos expresa dos importantes reflexiones sobre la historia, primero que si bien no se repite pero siempre rima, y segundo que su fin nunca ocurrió sino que está más viva que nunca.

La aventura militar de Washington termina estrepitosamente, mostrando la obsolescencia no sólo de una política exterior basada en la fuerza, sino de un sistema internacional apoyado en un supuesto multilateralismo que nunca fue tal. Existió sí un consenso tras el fin de la Guerra Fría, impuesto por la incontenible globalización tecnológica, la avanzada neoliberal y el unipolarismo norteamericano.

Luego de la Guerra de Vietnam en Washington se asumió la idea de que enviar grandes cantidades de soldados a pelear una guerra no garantizaba la victoria, además de que era costoso en vidas y poco viable económicamente.

Las intervenciones se limitaron a conflictos de corta duración, un ejemplo de ello fue la Guerra del Golfo de 1991. Pero la llegada de los neoconservadores con George W. Bush y Dick Cheney a la Casa Blanca y los atentados del 11 de septiembre de 2001 cambiaron la ecuación.

Esta vez el Gobierno norteamericano sí estaba dispuesto a intervenir. Primero fue Afganistán y después Irak. Los objetivos eran, para Afganistán, derrotar a los talibanes, terminar con el terrorismo islámico y atrapar a Osama Bin Laden. En tanto que para Irak, quitar a Saddam Hussein del poder y evitar el uso de armas de destrucción masiva, armas que nunca se encontraron ya que no existieron.

La intervención en Irak terminó en 2011, aunque algunos contingentes volvieron a combatir el Isis en 2014. En tanto que Afganistán, la guerra más larga de los Estados Unidos, termina ahora después de dos décadas. Veinte años de desastre total.

El resurgimiento talibán y la toma del poder sorprendieron a propios y extraños, puesto que informes del Pentágono, reproducidos por los medios internacionales, advertían que los talibanes podrían tomar el poder en 90 días.

Fin de un sistema

La derrota militar norteamericana, la segunda en su historia, no sólo significa un duro golpe para la geopolítica del complejo militar-industrial de Washington, sino el fin de un sistema internacional liderado por este.

Esto significa un quiebre, Estados Unidos reconoce que no puede ser el guardián del mundo y su propuesta de globalización está en debacle. Se aproxima un nueve eje ordenador a nivel regional y global, con dos actores clave, China (que sigue creciendo y a pasos agigantados) y Rusia (que clama por su lugar en el sistema internacional).

Aunque siendo cada vez más importante en la geopolítica, ni Beijing ni Moscú intervendrán directamente en Afganistán. China por el motivo de que no es su política exterior intervenir, además ya estableció contactos con los talibanes para favorecer cierta estabilidad interna y así darle seguridad a la región. Esto es conveniente ya que limita con Afganistán, y su vez es un lugar estratégico para conectarse con Irán y el golfo.

En tanto que Rusia ya no ve con malos ojos a sus exenemigos y ha enviado tropas a las exrepúblicas soviéticas que limitan con Afganistán para asegurar que el conflicto no salga de allí. Con esto, los polos de poder en la región cambian, la derrota sufrida por Washington en la guerra contra el terrorismo marca un antes y un después llevándonos a una importante pregunta: ¿es este el fin definitivo del unipolarismo norteamericano?