Entre democracias representativas y representaciones de democracia
El papel del abstencionismo como opción ciudadana vuelve a debatirse ante elecciones en las que mucho está en juego. Decisiones populares cuyos resultados comprometen a todos se definen por un puñado de votos. Aquí algunos íconos de apatía y participación recientes.
Además de sumir al proceso de paz encarado por el presidente Juan Manuel Santos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia en un limbo inesperado, el plebiscito del pasado 2 de octubre en Colombia alertó sobre un fenómeno que no es nuevo, pero que parece acentuarse en ese y otros países. La débil participación electoral de la población, o, dicho más claro, la apatía de los ciudadanos frente a decisiones clave en la vida política e institucional de sus países ante las que son convocados, muestra cada vez menos comprometidas a las sociedades y lesiona la representatividad de los resultados en las urnas. El abstencionismo, aunque sea una forma expresión en sí misma, suele dibujar ganadores aplastantes o victorias épicas que no son tales, o dejar en manos de minorías el futuro de todos.El descrédito de los políticos o la falta de conciencia cívica redundan en menor número de sufragios en países con voto voluntario, pero también en aquellos donde la cita con las urnas es un deber cívico. Desde las presidenciales de Chile hasta las legislativas de Rusia; desde las municipales de Brasil hasta las que entronizarán al futuro inquilino de la Casa Blanca, las elecciones con escasa participación denotan acaso hastío por prácticas políticas remanidas o nulo entusiasmo ante el menú de candidatos que se ofrecen en los comicios.Lo que sigue es un repaso seguramente incompleto de un fenómeno de estos tiempos. Ni a la paz El del plebiscito que debía decir Sí o No a los acuerdos de paz firmados el 26 de septiembre en Cartagena resulta emblemático por lo que estaba en juego y por su resultado, pero quizá no haya tomado tan desprevenidos a los colombianos. Al resto del mundo le sorprendió que el No venciera por 50,21 contra 49,78 por ciento del Sí, lo que se tradujo en una diferencia de 0,42 por ciento o 53.894 sufragios.Pero más sorprendió que de los 35 millones de colombianos llamados a pronunciarse sobre un texto que podía poner fin a 52 años de conflicto, sólo acudieron a las urnas 12,8 millones, lo que supuso una abstención del 62,3 por ciento. En definitiva, apenas un 18,3 por ciento de los ciudadanos resolvió lo que incumbe a un país.Colombia tiene antecedentes de escasa participación también en comicios presidenciales. En 2002, Álvaro Uribe llegó a la Casa de Nariño tras imponerse en primera vuelta con el 53,04 por ciento, una cifra notable si no fuera que sólo votó el 46,47 por ciento de los habilitados en esa elección. Cuatro años después, Uribe sería reelegido en primer turno con un récord del 62,35 por ciento, pero esa cifra se opaca por el 45,05 por ciento de participación que hubo de votantes.El actual presidente Santos llegó al poder en 2010, tras alcanzar en balotaje un 69,13 por ciento de los sufragios, pero sólo acudió a votar en segunda vuelta el 44,33 por ciento de los convocados, o 1,2 millones de electores menos que en la primera. En 2014, Santos sería reelegido en balotaje, con apenas el 50,75 por ciento, después de perder un primer turno en el que sólo había sufragado el 40,65 por ciento. Su victoria se consumó con la promesa de paz y un incremento de algo más de siete puntos porcentuales en la participación en la segunda vuelta. Paradojas chilenas Antes de la elección presidencial de 2013, que marcó el regreso de Michelle Bachelet al Palacio de La Moneda, Chile reformó su sistema electoral. Adoptó el de inscripción automática y sufragio optativo en reemplazo de aquel que facultaba a los ciudadanos para inscribirse o no, pero convertía en obligatorio su voto, después de que quedaran empadronados.El debut del voto optativo arrojó en la primera vuelta un triunfo de la Nueva Mayoría, de Bachelet, con un insuficiente 46,7 por ciento de apoyo y una participación del 49,36 por ciento. En la segunda vuelta de mediados de diciembre, con la gente más enfocada en las fiestas navideñas que en una elección que estaba definida de antemano, Bachelet logró el 62,16 por ciento de los votos, pero la participación cayó al 41,98 por ciento, un millón de sufragios menos que en el primer turno. Ese 58 por ciento de abstención marcó todo un récord regional para unas presidenciales. En los comicios municipales que Chile celebrará el domingo próximo, vaticinan otra marca digna del Guinness .La abstención también alcanzó cifras inéditas en los comicios locales de Brasil, donde el voto es obligatorio, en la primera vuelta efectuada el pasado 2 de octubre. España sin mayorías Después de 10 meses sin formar nuevo gobierno, los dirigentes de los partidos tradicionales españoles estarían cerca de un acuerdo para hacer la vista gorda a los casos de corrupción que lo salpican y favorecer la reelección del presidente en funciones, Mariano Rajoy.Pero quizá no fue ese el mandato surgido de las urnas el 20 de diciembre de 2015, cuando el 69,67 por ciento que acudió a votar dio un portazo al bipartidismo y la bienvenida a los emergentes Podemos y Ciudadanos.Seis meses después, los resultados fueron parecidos en cuanto a posiciones insuficientes para formar nuevo Ejecutivo, aunque los votantes cayeron al 66,84 por ciento. Las encuestadoras auguran que, si hay una tercera elección, cerca de las uvas y los turrones de Nochebuena, el abstencionismo dará la nota; una contracara del auge participativo y comprometido que habían traído los indignados del 15-M.La apatía también acecha a otros países de Europa, donde el voto es obligatorio sólo en Italia, Grecia, Bélgica, Chipre y Luxemburgo. Los números de Putin y PPK Las elecciones legislativas de este año en Rusia marcaron una hegemonía aplastante de la fuerza del presidente Vladimir Putin y su primer ministro, Dimitri Medvedev, pero hay cifras que pueden relativizar aquella victoria.De los poco más de 110 millones de habitantes inscriptos para votar el 18 de septiembre, lo hicieron finalmente 52.700.922 rusos, es decir apenas el 47,88 por ciento. Otras cifras son sí inexorables, como los 28,52 millones de sufragios obtenidos por Medvedev que cuadruplicaron los siete millones logrados por el Partido Comunista, segundo en la compulsa.En el otro extremo de las tablas de participación en comicios recientes, pero con sufragio obligatorio, podría ubicarse a Perú y las presidenciales que llevaron al poder a Pedro Pablo Kuczynski, tras un balotaje infartante.El recuento final, concluido casi una semana después de la segunda vuelta del 5 de junio, ubicó a "PPK" con 8.591.802 votos, frente a los 8.549.205 de Keiko Fujimori. Una diferencia de sólo 42.697 sufragios o 0,2 puntos porcentuales (50,1 a 49,9 por ciento). El balotaje tuvo una participación del 80,06 por ciento, casi 2,9 puntos menos que la primera vuelta.Como en el caso del plebiscito colombiano, cabe preguntarse cuán determinantes serían en las historias de sus países los votos de quienes no pudieron sufragar.La polémica de la participación y la representación excede a los sistemas, pero resulta interesante atender a esta opinión, vertida en marzo de 2015. "El voto obligatorio sería un elemento de transformación, que contrarrestaría la influencia del dinero en las campañas… Cambiaría el mapa político de Estados Unidos". El autor de los conceptos se llama Barack Obama.
Récord regional
Baja afluencia. Chile tiene la marca de participación más escasa.
41,98% porcentaje del electorado en condiciones de votar que participó en el balotaje de 2013, en el que Michelle Bachelet volvió a ser elegida. Es decir que apenas 4 de cada 10 chilenos fueron a sufragar en esa oportunidad. La cercanía de las fiestas de fin de año y la evidente apatía política tuvieron fuerte influencia, pese a que las segundas vueltas, en general, suelen ser más convocantes que las primeras por la polarización que conllevan.

