En jaque, Dilma ve luz al final del túnel
Rousseff calificó de golpistas a quienes impulsan su destitución, pidió imparcialidad a los jueces y resaltó que el único modo de llegar al gobierno es “el voto en las urnas”. Dos resoluciones de ayer, adversas a la mandataria, podrían ser esgrimidas para un “impeachment”.
Brasilia. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, tildó de "golpistas" a quienes cuestionan a su gobierno y buscan iniciar un impeachment y aseguró que ve "luz al final del túnel", luego de que el Tribunal Superior Electoral (TSE) le abrió un proceso por supuestas irregularidades en la campaña y antes de que el Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU) recomendara al Parlamento que rechace los balances del Ejecutivo del año pasado. Estos dictámenes adversos para Rousseff podrían ser utilizados por opositores para habilitar los pedidos de juicio político que impulsan en contra de la jefa de Estado."La democracia brasileña es fuerte y suficiente para prevenir que variantes golpistas tengan espacio en el escenario político", afirmó la presidenta en una entrevista con dos radios del estado de Bahía.Rousseff criticó a los "golpistas" que buscan anticipar su salida del gobierno y pidió "imparcialidad" a los jueces, luego de que el TSE comenzó a investigarla por presunto financiamiento ilegal de la campaña que derivó en su reelección.Dilma admitió la crisis, dijo que veía "luz al final del túnel" y se mostró confiada en que el Congreso "demostrará su compromiso con el país" y mantendrá los vetos que la mandataria les impuso a proyectos aprobados en las cámaras y que aumentarían el gasto público que su gobierno intenta reducir al mínimo.La presidenta reconoció además que en los últimos meses, en los que el país está inmerso en una profunda crisis económica, se ha visto amenazada por los mercados y hostigada por la oposición, y recalcó que el único método reconocido para llegar al gobierno "es el voto directo en las urnas".El TSE y el TCU sopesaron dictámenes que pueden alentar un juicio político por maniobras contables en el financiamiento de las campañas. La presidenta corre el riesgo de perder su mandato si se anulara su victoria electoral del último domingo de octubre de 2014.El TSE, órgano del Poder Judicial, aceptó el martes reabrir una investigación sobre supuesto financiamiento ilegal de la campaña presidencial de Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT). Si se condenara a la mandataria y a su vicepresidente, Michel Temer, del aliado Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), su victoria quedaría impugnada, según el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), principal de la oposición.En ese supuesto, debería asumir el presidente de la Cámara de Diputados, quien debería convocar a nuevas elecciones. El titular de esta Cámara es Eduardo Cunha, también del PMBD, pero quien pasó a la oposición luego de que fue denunciado por corrupción en el caso Petrobras y a quien parlamentarios le pidieron ayer con insistencia su renuncia.
Opositor en la mira
Como presidente de la Cámara de Diputados, Cunha tiene el poder para influir sobre las votaciones y decisiones del Parlamento, así como la responsabilidad de aceptar o de rechazar peticiones de apertura de juicio político con fines de destitución del jefe de Estado. Hasta ahora Cunha rechazó cinco peticiones para que inicie un proceso que puede concluir con la destitución de Rousseff, pero aún analiza otras 10 solicitudes y puede darle curso a cualquiera.
Apenas un rato después de que se conociera la resolución del TSE, Rousseff reclamó a los jueces que actúen con “imparcialidad en los juzgamientos” y se mostró confiada en que el Congreso “demostrará su compromiso con el país”.
La mandataria, cuya popularidad se encuentra en mínimos históricos, resaltó ayer que “es muy importante que las personas coloquen los intereses de Brasil encima de sus intereses, de los intereses partidarios”.
Para intentar sortear estas dificultades, Rousseff cedió poder a través de una reforma ministerial a su aliado PMDB para intentar sumar apoyo en el Congreso, erosionar la base parlamentaria del juicio político y armonizar el vínculo entre el Ejecutivo y Legislativo.
En esa articulación y reformas fue crucial el papel del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien promovió a Dilma primero como ministra de Minas y Energía, luego como jefa de Gabinete de su gestión y, finalmente, como su sucesora en el Palacio del Planalto.
El panorama para la mandataria volvió a complicarse horas más tarde, cuando el Tribunal de Cuentas, un órgano consultivo, aconsejó al Congreso que rechace los balances del gobierno de 2014, porque en ellos hubo “graves ofensas”.

