En el país de los exitosos, el Papa va por los derrotados
El papa Jorge Bergoglio nunca estuvo en Estados Unidos y, aunque es un hombre de mundo, la cultura estadounidense puede presentarle obstáculos.
En la segunda etapa de su gira que comenzó ayer en Estados Unidos, al papa Francisco le aguardan una importante cantidad de desafíos religiosos, políticos, sociales, económicos, de seguridad. Pero quizá más importante que todos aquellos es el desafío cultural. Jorge Bergoglio nunca estuvo en Estados Unidos y aunque es un hombre de mundo y con autoridad y solvencia y prestigio público y moral de sobra para seducir con sus palabras y gestos a Barack Obama y a los congresistas ante los que hablará en Washington; a los representantes diplomáticos en la ONU, en Nueva York, y a las familias católicas que lo esperan congregadas en Filadelfia, la cultura estadounidense puede presentarle obstáculos. Es que se trata de un país cuya cultura ensalza el éxito, el triunfo, el "sueño americano" sobre la base del esfuerzo; quien no se esfuerza merece quedar al lado del camino. A ese país de los exitosos, el papa argentino llega con el mensaje de que los más importantes para el Evangelio son los que pierden, los desposeídos, los marginados, los que quedan al costado de la historia, los indeseables.Además, el país del norte está en una encrucijada de su historia, en la que se les plantea cada vez con más fuerza la cuestión cultural del temor que presenta el crecimiento de los latinos, ilegales o no, a la par de una situación económica que, después de la crisis de hace tres años, encuentra a la clase media enojada con todo lo que no le es propio.No son los únicos desafíos del Papa. También deberá afrontar cuestiones tirantes en su propio rebaño.En Estados Unidos, los católicos forman parte de una inmensa comunidad que exhibe una amplísima gama de modos de vivir y de sentir la misma fe, pero que, paradójicamente, en lo público son tenidos como una suerte de "inmensa minoría".Se puede decir que allí la fe está atravesada por la cultura, por el origen de unos y otros, por el idioma, por la relación con la historia del país, por la pertenencia política, por la posición económica y por la zona en la que viven.En efecto, el Papa afrontará el desafío de ser escuchado y comprendido tanto por un pobre inmigrante latino del Bronx como por un empresario que vive en una mansión y que jamás escuchó el español.

