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Elecciones anticipadas, la última carta de Dilma

“No existe injusticia más devastadora que la de condenar a un inocente”, alegó.

17 de agosto de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Elecciones anticipadas, la última carta de Dilma

Apenas nueve días antes de que el Senado inicie las sesiones que culminarán en la votación final sobre su destino, Dilma Rousseff divulgó ayer un “Mensaje al Senado Federal y al Pueblo Brasileño”. En él, contempla el llamado a un plebiscito para que la población se pronuncie a favor o no de elecciones anticipadas.

Además, la presidenta propuso “un amplio pacto nacional basado en elecciones libres y directas” para resolver la grave crisis política, económica e institucional en la cual está inmerso Brasil.

Tras la votación de hace una semana, en la que 59 senadores sufragaron en contra y sólo 21 a favor de la mandataria, Rousseff afirmó que “la solución pasa por el voto popular”. De paso, criticó el papel asumido en el impeachment por un Congreso con la mayoría de sus integrantes acusados o bajo sospechas de corrupción. “Un colegio electoral de 110 millones de electores sería sustituido, sin sustento constitucional, por un colegio electoral de 81 senadores”, advirtió Dilma.

En otros párrafos de su misiva, reiteró su concepto de que una imputación y eventual destitución sin delito es “un golpe”. Y alegó: “No existe injusticia más devastadora que la de condenar a un inocente”.

Las palabras de la primera mujer en presidir Brasil recibieron apoyo de referentes, seguidores y aliados de su Partido de los Trabajadores. Sin embargo, en esa fuerza reina el pesimismo por lo poco menos que imposible que parece impedir que la variopinta oposición a Rousseff reúna los 54 votos necesarios para apartarla definitivamente del cargo.

Aunque les resulte difícil de digerir que 54 legisladores tengan la facultad para revertir lo que resolvieron hace menos de dos años con su voto 54 millones de ciudadanos, en el PT ven como utópico el regreso de Rousseff.

Hay quienes opinan que la carta de Rousseff llegó tres o cuatro meses tarde. Que otra hubiera sido la reacción si la propuesta de comicios adelantados se anteponía al voto a favor del impeachment en Diputados, el 17 de abril, o al del Senado, el 12 de mayo.

Otros, en cambio, creen que los planes para derrocar a Rousseff comenzaron a gestarse en la misma noche de su reelección, el último domingo de octubre de 2014, con acuerdos tras bambalinas y muchos involucrados.

En su paso por Córdoba la semana pasada, el teólogo Leonardo Boff le dijo a La Voz que no le extrañaría que, una vez caída Dilma, se cierre un acuerdo entre distintos actores que fogonearon su impeachment para dar por cerradas las investigaciones sobre corrupción en Petrobras.

¿Y el día después?

La idea de ese acuerdo apareció como mucho más que una posibilidad en un audio del delator premiado Sergio Machado, quien comprometió con sus denuncias al presidente interino, Michel Temer, y a cabezas visibles de casi todos los partidos que hoy quieren desalojar a Dilma.

“Creo que puede darse una concertación de corruptos y corruptores para inaugurar un nuevo tiempo institucional, haciendo borrón y cuenta nueva”, dijo con ironía Boff, que incluye entre quienes jugaron su papel a favor del golpe al juez Sergio Moro, por sus “investigaciones selectivas”.

La prueba de fuego para quienes acordaron sellar la suerte de la mandataria a través del impeachment la darán las audiencias previstas para septiembre en contra de Eduardo Cunha, el extitular de la Cámara de Diputados que promovió a fin del año pasado el proceso contra Rousseff.

Cunha parece tener información suficiente como para involucrar en sus probados ilícitos a la mitad del Parlamento, una parte del Tribunal Supremo y, sobre todo, a Temer, correligionario del Partido del Movimiento Democrático Brasileño. El miedo a una delación de Cunha explica el interés y la fragilidad de algunas lealtades que hoy sostienen al mandatario interino.