El vice de adorno que un día pateó el decorado
Michel Temer ante sus primos y tíos, ante una placa recién descubierta que le daba su nombre a una calle, pronunció: “Volveré cuando sea presidente”. La segunda mitad de esa afirmación está por cumplirse ahora.
La promesa fue hecha al otro lado del mundo, en un minúsculo pueblo del Líbano. En 2011, Michel Temer pisó por primera vez Btaaboura, la tierra donde sus padres nacieron, se conocieron y se casaron antes de emigrar a Brasil. Allí, ante sus primos y tíos, ante una placa recién descubierta que le daba su nombre a una calle, pronunció: "Volveré cuando sea presidente". La segunda mitad de esa afirmación está por cumplirse ahora. Cuando realizó su juramento en tierras libanesas, hacía un año que Temer ocupaba el segundo cargo más importante del país más grande de Sudamérica. Llegó a ese sillón de la mano de un extraño pacto entre su formación, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), y el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva, que se valió de ese acuerdo para imponer como sucesora a una casi desconocida Dilma Rousseff.Pero el año pasado, al inicio de su segundo mandato, Temer abandonó las sombras. En una carta dirigida a Dilma, deliberadamente filtrada a la prensa, señaló: "Pasé los cuatro primeros años de gobierno como un vicepresidente decorativo". Agregó que fue "ignorado en grandes decisiones políticas" y acusó a la presidenta de desconfiar de él y del PMDB. Fue el principio de la ruptura. Por la puerta de atrás Otra filtración fue la que determinó el quiebre final. Hace un mes, justo antes de que la Cámara de Diputados votara para darle luz verde al juicio contra Rousseff, apareció un audio en el que Temer ya se presentaba como presidente, preveía "sacrificios" para los brasileños y anunciaba la necesidad de "darle prestigio a la inversión privada". Según sus asesores, fue "un ensayo divulgado por error". Según Dilma, fue la prueba del golpe institucional que se tejía a su espalda. Ya lo dijo el expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) en sus memorias: "Ningún presidente gobierna sin el PMDB en la base de apoyo legislativo".No importa que las encuestas revelen que sólo el dos por ciento de los brasileños lo votarían como presidente, o que el 60 por ciento del país pide su renuncia. Tampoco lo frena la pila de expedientes judiciales que lo señalan por haber recibido millones de dólares en sobornos en el mediático caso de la estatal Petrobras. Todo indica que Brasil tendrá otro presidente del PMDB que entra por la puerta de atrás.El primero fue José Sarney, quien juró en 1985 tras la muerte del presidente electo Tancredo Neves. Le siguió Itamar Franco, que asumió en 1992, luego de que Fernando Collor de Mello renunciara a su cargo en medio de un juicio político. Ahora parece ser el turno de este abogado y profesor de Derecho de 75 años que recién ahora muestra su perfil más agresivo. Tres décadas de carrera Durante tres décadas de vida política, Temer tejió tras bambalinas la red de poder que hoy lo sustenta. Lanzó su carrera política en 1983 y luego asumió la Secretaría de Seguridad Pública de San Pablo. Desde 1987, ejerció seis mandatos consecutivos como diputado federal y presidió esa cámara en tres ocasiones. Casado en terceras nupcias con una exmodelo 43 años menor que él, Temer vive dividido entre Brasilia, donde trabaja, y San Pablo, donde pasa los fines de semana en familia.Ahora se mudaría definitivamente a la capital. Aunque sobre él planean las denuncias de corrupción y el hecho de que su firma está plasmada en los mismos documentos fiscales que desataron el juicio a Dilma. Por eso, Temer tal vez no tenga tiempo de volver a Btaaboura como presidente.

