El Vaticano estrenó duchas y peluquería para los más pobres
Unas 30 personas hicieron uso del servicio, montado junto a las imponentes columnas de la Plaza San Pedro por pedido del Papa.
Ciudad del Vaticano. Personas sin hogar o indigentes, varones y mujeres, hicieron fila ayer cerca de la Plaza San Pedro para aprovechar la iniciativa caritativa más reciente del papa Francisco: una ducha y afeitada para los menos afortunados. Mauro Casubolo, de 49 años, fue uno de los primeros en llegar cuando la barbería del Papa abrió los baños públicos cerca de la Columnata de Bernini. Todavía tenía la barbilla irritada por la afeitada –la primera en tres semanas– pero estaba agradecido."Es hermoso lo que ha hecho por nosotros, especialmente los que vivimos en la calle, porque si quieres salir a buscar trabajo puedes venir aquí y darte una ducha", dijo el hombre.El encargado de las limosnas del papa Francisco, monseñor Konrad Krajewski, afirmó que el proyecto es necesario porque muchas veces las personas rechazan a los desamparados por su apariencia y mal olor. La iniciativa del pontífice argentino se financia con donaciones y la venta de los tradicionales pergaminos papales por el despacho de Krajewski.Los barberos trabajan de voluntarios en sus días de descanso –las barberías en Roma están cerradas los lunes– así como alumnos de una escuela local de cosmetología que donan su tiempo y algunas hermanas de órdenes religiosas y otros voluntarios.El peluquero Enrico Palmieri participará por primera vez el próximo lunes. "Tenía curiosidad", dijo después de recibir ayer las instrucciones de los organizadores. "Es algo hermoso".Casubolo dice que sobrevive con lo que recibe de organizaciones caritativas locales, pero que lo que más desea es un empleo. "Aunque tenga que limpiar escaleras, baños, en alguna parte, no me importa", dijo. "Mientras tenga un salario que me permita llegar a fin de mes, todo está bien. Entonces podré tener un techo y vivir como todos los demás. "Tengo 49 años, no es que tenga 60 u 80. Pera mí es trágico haber terminado así", acotó.Gregorio, un polaco de 51 años que vive en Italia desde 2003, fue otra de las treinta personas sin hogar que pudieron ducharse y cortarse el pelo en las instalaciones dispuestas en el Vaticano.Gregorio contó con mirada sombría su llegada al país y su primer año y medio como vagabundo, un tiempo que pasó "viviendo en la estación de Termini", en Roma, lo que fue "una escuela de vida muy dura" que no recomienda a nadie.Una vez dentro de las duchas las personas que acudieron ayer recibieron gratuitamente un conjunto de aseo, compuesto por una toalla, jabón, cepillo de dientes y dentífrico, espuma y maquinita para afeitarse. Luego pasaron por la peluquería.

