El teatro de las muertes verdaderas
Terroristas utilizan un escenario de dos mil años de antigüedad para sus ejecuciones.
La ciencia ha permitido dilucidar el primer asesinato demostrado de la humanidad. La víctima: un joven que recibió dos golpes con un objeto contundente y puntiagudo que le perforó la frente. El lugar del homicidio: la Sima de los Huesos de Atapuerca, en la zona central de España. El momento del crimen: hace 430 mil años. El estudio del equipo de Paleontólogos del Centro Mixto de Evolución y Comportamiento Humanos, publicado el miércoles pasado en la revista Plos One , saca a la luz el primer caso de violencia letal interpersonal, en base a dos lesiones mortales que presenta un cráneo. Los datos fueron presentados como un descubrimiento que puede ayudar a reconstruir el inmenso rompecabezas de la evolución humana, aunque lo que parece demostrar es que en 430 mil años de evolución poco ha cambiado. Mejor dicho, lo que evolucionó es la manera de matar, porque siempre hubo y habrá excusas para acabar con la vida del otro.Hoy nos horrorizamos por las ejecuciones que realiza el grupo terrorista Estado Islámico, que día a día se supera en la escenificación de la muerte.Ya nos espantamos con las filmaciones de decapitaciones a cuchillo, las fotografías de homosexuales arrojados al vacío desde edificios y las imágenes de rehenes que son quemados vivos dentro de jaulas.Ahora, la agrupación yihadista utiliza como paredón de fusilamiento el teatro romano de la ciudad monumental de Palmira, un patrimonio de la humanidad ubicado en el centro de Siria. No es ficción El miércoles, mientras el mundo se enteraba del primer asesinato del que hay registro, los terroristas ubicaban en las longevas gradas del teatro a cientos de civiles para que atestiguaran la ferocidad de la agrupación sunita. En el escenario, de más de dos mil años de antigüedad, alinearon y fusilaron a 20 prisioneros, todos chiítas y alauitas. Palmira, la romántica ciudad de las columnas rosadas conocida como "la novia del desierto", sobrevive en medio de un oasis. Fue, en los dos primeros siglos de nuestra era, uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo y punto de encuentro de las caravanas en la Ruta de la Seda.El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, una organización con sede en Londres, asegura que ya fueron ejecutadas más de 460 personas en Palmira y sus alrededores desde que la zona fue tomada, el 16 de mayo. La misma fuente contabilizaba hasta el mes pasado más de 310 mil víctimas fatales desde que comenzó la guerra civil en Siria, en marzo de 2011.Sin embargo, la comunidad internacional se horroriza más ante la destrucción de las ruinas que ante los brutales y masivos asesinatos. Ahora todos hablan de la pérdida del patrimonio de la humanidad. Pero, ¿qué ocurre con la humanidad a secas? Pasado y presente El jueves, la ONU aprobó por unanimidad una resolución para intentar proteger el patrimonio cultural de Irak, país vecino de Siria y también controlado en parte por el grupo extremista. Allí, el Estado Islámico ya saqueó y destrozó estatuas en el Museo de las Civilizaciones de Mosul y provocó incalculables daños en las antiguas ciudades de Hatra y Nínive. "La destrucción del patrimonio cultural, que es representativo de la diversidad de la cultura humana, borra la memoria colectiva de una nación, desestabiliza a las comunidades y amenaza su identidad cultural", estipula la ONU en su resolución, que condena las agresiones contra lugares históricos y urge a todos los estados del mundo a controlar que sus museos y coleccionistas no compren arte robado.De manera inédita, la comunidad internacional se aunó para preservar el pasado, pero no hay ningún amague de unidad para defender el presente. La herencia cultural debe ser protegida, pero más urgente es resguardar la vida. Si no, ¿qué herencia cultural dejaremos nosotros?

