El retorno de los que nunca se fueron
El tiempo y sus afiliados dirán a qué costo tomó el Psoe esta decisión que benefició a Rajoy.
El 28 de octubre de 1982, el Partido Socialista Obrero Español (Psoe) llegaba a La Moncloa y hacía historia de la mano de un joven Felipe González, secundado por Alfonso Guerra, otro "notable" de una nueva intelectualidad forjada mientras la larga dictadura de Francisco Franco se apagaba como la vida del "generalísimo", oficialmente muerto un 20 de noviembre de 1975.Treinta y cuatro años después de aquellas épicas jornadas de octubre del '82, en las que el Psoe lograba una holgada mayoría de 202 bancas propias, el nombre de Felipe González volvió a sonar ayer en el Congreso español, pero esta vez ligado a una de las decisiones más controvertidas y a los tragos más amargos de su hoy desangelado partido. Algunos la compararon con la abjuración del marxismo en los '70 o con la defensa del ingreso de España a la Otan, en 1986. La abstención de 68 miembros de la segunda fuerza en la elección del pasado 26 de junio, sobre una bancada de 85 escaños, fue la que destrabó un impasse político de más de 10 meses y posibilitará la continuidad de Mariano Rajoy y el conservador Partido Popular al frente del Poder Ejecutivo.El tiempo y sus afiliados dirán a qué costo tomó el Psoe esta decisión, que acabó apartando a Pedro Sánchez como líder partidario y siguiendo a dirigentes como la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, o el propio Felipe. Este último demostró que aún tiene predicamento interno, pese a haber dejado hace dos décadas el poder que ejerció durante 14 años.Imperativos morales "Votar No a Rajoy es un imperativo moral y ético. Si permitiéramos su investidura, normalizaríamos la corrupción", rezaba un tuit escrito no hace mucho en la cuenta oficial del Psoe. "¿Entonces ya habéis normalizado la corrupción? Sólo por saber", ironizó alguien el viernes en la red de los 140 caracteres."Mantengo mi No firme y claro. No iré contra mi partido, ni iré contra nuestro compromiso electoral. Dejo el escaño porque no renuncio a mis ideas y quiero al Psoe", dijo ayer Sánchez al resignar su acta de diputado, horas antes de la votación de investidura. Fue la forma en la que zanjó su dilema el hombre que lideraba al Psoe hasta el 1° de octubre, cuando la presión de los viejos caciques del partido lo acorraló y abortó su propuesta de que fueran los propios afiliados quienes decidieran qué actitud tomar en el Congreso.La debacle socialista en las elecciones autonómicas recientes en Galicia y en el País Vasco y el temor a un " sorpasso " de Unidos Podemos en una eventual tercera elección general a fin de año precipitaron el giro del Psoe y el guiño a un Gobierno salpicado por graves hechos de corrupción que investiga la Justicia."Lo hacemos por coherencia, por nuestro compromiso por España", quiso explicar ayer el portavoz socialista Antonio Hernando, quien hace un mes usaba idénticas palabras para fundamentar lo opuesto.Aroma a viejo bipartidismo De no ser porque Ciudadanos, la fuerza liberal emergente que con 36 años lidera Albert Rivera, votó a favor de Rajoy, quien tiene ya 61, podría decirse que la novel dirigencia española sucumbió ante antiguos liderazgos. La idea de un Ejecutivo encabezado por Sánchez (44 años) y secundado por los líderes de Podemos, Pablo Iglesias (38 años), y de Izquierda Unida, Alberto Garzón (31), con apoyo de partidos nacionalistas, fue torpedeada desde su primer intento, tras los comicios del 20 de diciembre de 2015, cuando el electorado castigó al bipartidismo.Pero más allá de las edades de los candidatos, la sensación en el recinto y, más aún, en la protesta que pobló las calles que rodean al Congreso contra la instalación de un "gobierno ilegítimo", fue la de que la vieja política se impuso de nuevo.El desbloqueo llegó por defecto, de la mano de un pacto, tácito o no, entre los dos mayores partidos, los grandes derrotados hace 300 días.Las componendas y los favores a cambio de gobernabilidad, la vista gorda a la corrupción y los viejos manejos contra los que se levantaron los "Indignados del 15-M" (allá por mayo de 2011), y sus herederos políticos, siguen presentes en la memoria de los españoles."No pido un cheque en blanco, pido madurez", dijo antes del voto el hombre que seguirá en La Moncloa."Feliz epílogo, señor Rajoy", dijo a su turno Iglesias, mitad en forma de deseo, mitad de premonición.

