El Mundial como factor irritante
El Mundial desata protestas impensables en un país tan futbolero como Brasil.
Entre advertencias agoreras, encuestas pesimistas e informaciones preocupantes, Brasil no parece en la mejor de las formas para afrontar el Mundial de fútbol que comienza el 12 de junio.
Lo que más llama la atención es el descontento de un amplio sector de la sociedad hacia la realización del campeonato, algo impensable años atrás. Brasil es casi sinónimo de fútbol y debería ser el escenario ideal para un mundial.
Pero sucede que no todo está bien, y estas son las razones.
La inflación. Es de poco más del seis por ciento pero ya constituye un serio motivo de preocupación tanto para la población como para el gobierno. El año pasado, un aumento de 20 centavos de real en el transporte urbano motivó una gigantesca movilización en San Pablo. Se estima que el Mundial generará un aumento del índice hasta un 8,5 por ciento como consecuencia de la especulación.
El malestar económico se refleja también en el índice de confianza del consumidor, que cayó en abril a su peor nivel desde mayo de 2009, cuando se sentía lo peor de la crisis económica internacional.
La inseguridad. A los altos índices de criminalidad y los incidentes en las llamadas favelas pacificadas (con fuerte presencia de las fuerzas de seguridad) se suma un conflicto con policías que amenazan con medidas de fuerza durante el campeonato. Por si fuera poco, se sabe que habrá presencia militar en las calles para evitar hechos de violencia, o reprimirlos si se producen.
Amnistía Internacional emitió un comunicado en el que expresó: “Lamentablemente el índice de homicidios de jóvenes en las favelas y la periferia es alarmante, la policía brasileña está entre las que más mata en el mundo según datos de la ONU”.
La corrupción. Es quizá el más complejo de los factores en juego, porque habilita a todas las demás irregularidades. Las acusaciones apuntan al gobierno en todos sus estamentos y también a la Fifa, a la que se acusa de hacer un gran negocio en Brasil generando enormes gastos que terminará pagando la ciudadanía. Eso, a pesar de la promesa de que las inversiones iban a ser solventadas por empresas privadas.
El viernes, el diario O Globo publicó la foto de un tren interurbano que había sido intervenido (o vandalizado, según quien opine) con una contundente opinión contraria al Mundial: "Fuck Fifa" decía la pintada. Los perpetradores se tomaron su tiempo; las letras, enormes, ocupaban casi todo el largo del vagón y habían sido prolijamente elaboradas.
Además, la demora en la construcción y refacción de estadios, rutas y aeropuertos, más la aplicación de una normativa especial llamada Régimen Diferenciado de Contrataciones que permite la contratación directa en lugar de licitaciones en estos y otros casos de emergencia, colaboraron en la generación de malestar.
El presupuesto inicial sólo para las obras de construcción o reforma de los estadios rondaba los 800 millones de euros, pero ya superan los 2.700 millones. Una inversión superior a la que efectuaron Alemania y Sudáfrica juntas en sus respectivos mundiales, señalan los diarios. El presupuesto total es de unos 10 mil millones de euros, el mayor desembolso en la historia de estos eventos.
Gran país, gran problema
Nuestro vecino, sexta potencia mundial y claro líder regional, tiene deudas sociales que todavía se ven y se viven como las grandes falencias. Esas deudas son cuantiosas a pesar del logro enorme que significa que, en los últimos años, más de 30 millones de brasileños hayan ascendido en la escala social para convertirse en la nueva clase media.
Como es lógico, una sociedad que crece de esa manera alcanza un mayor nivel de conciencia cívica y reclama lo que considera justo.
El Mundial, a pesar de que estamos hablando de Brasil, no es prioritario cuando existen tantas necesidades insatisfechas.
Estamos hablando de al menos seis millones de personas que viven en favelas y de dos millones de brasileños no tienen ningún tipo de techo.
Juan Arias decía en El País días atrás: "Brasil estaba predestinado a hacer la mejor de las Copas de la historia y le falta poco para que acabe siendo una de las peor organizadas y más criticadas, hasta por los anfitriones".
Este año hubo numerosas movilizaciones en contra de la Copa, como le dicen en Brasil, pero con menos manifestantes a causa de la violenta represión. La protesta es como que se concentra ahora en la clase media alta opositora al gobierno del Partido Trabalhista.
¿Se aplacarán los ánimos cuando empiecen los partidos y Brasil vaya dejando rivales por el camino?
Lo sabremos a partir del 12 de junio, pero la respuesta definitiva será la que la gente dé el 5 de octubre, el día de las elecciones presidenciales.

