El miedo fundado de los rusohablantes
Ya sea por la historia padecida o bien por las noticias que reciben desde Moscú, la mayoría de los crimeos desconfía del nuevo gobierno de Kiev.
Simferopol (Ucrania). El viejo actor recuerda vívidamente la guerra. Si bien era niño, tiene presentes las explosiones y a los soldados nazis que patrullaban la ciudad. Puede dar los nombres de todos los amigos y parientes que murieron. Si hay algo que no quiere es que vuelva la guerra.
Pero cuando aparecieron soldados rusos y rodearon el Parlamento y bases militares ucranianas sintió alivio. “Si los rusos no estuvieran, el gobierno ucraniano nos habría ocupado”, dijo Vladimir Sukhenko, actor de teatro jubilado.
En Crimea persisten viejos temores, azuzados por la historia y la propaganda. Aunque a algunos molesta la presencia de soldados, la mayoría los ve como protectores frente al nuevo gobierno ucraniano de Kiev, que –dicen– está dispuesto a aniquilar la población rusa. “Este gobierno de Kiev es ilegítimo”, dicen. “Tenemos que ser una república autónoma”.
Ucrania enfrenta una ruptura entre prorrusos del este y el sur y ucranianos del oeste, que quieren una relación más estrecha con Europa Occidental. Las divisiones se potencian en Crimea, península del Mar Muerto que siempre codició Rusia por su ubicación estratégica y clima cálido. Desde el 1700 hasta la caída de la Unión Soviética, Crimea estuvo casi siempre bajo control ruso o soviético.
Hoy, la mayor parte de su población es de ascendencia rusa y algunos no se sienten ucranianos. El ruso es el idioma dominante y casi no hubo oposición cuando Vladimir Putin, molesto porque habían derrocado a un aliado suyo en Kiev, decidió tomar el control de Crimea.
Algunos tienen temores más graves que el de perder el idioma: anarquía, hordas de milicias derechistas o terroristas que ataquen a los rusoparlantes. Moscú usa esos temores desde el inicio de las protestas en 2013. La TV estatal presentó a manifestantes de Kiev como verdaderos extremistas nazis.

