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El magnate disimula muy bien su “lado bueno”

Trump parece contradecir otra vez a quienes le auguraban un espacio mucho más acotado como mandatario electo.

23 de noviembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El magnate disimula muy bien su “lado bueno”

Ya está. De poco sirve repasar los números del recuento aún incompleto del voto popular emitido el martes 8, que hace menos de 48 horas mostraba a Hillary Rodham Clinton con 1.569.824 sufragios más que su oponente republicano, en una brecha que podría ampliarse. Acaso resultaría catártico salir a proclamar a cuatro vientos, como sugirió el documentalista Michael Moore, que los 63.390.669 estadounidenses que se inclinaron por la candidata demócrata suman más que los 61.820.845 que apoyaron al magnate y que, de no ser por un sistema injusto y obsoleto para el siglo 21 (el del Colegio Electoral), Estados Unidos tendría su primera presidenta.Lo concreto es que el próximo 20 de enero, el excéntrico empresario sin experiencia política, por el que nadie apostaba un céntimo antes de las primarias, ocupará uno de los espacios más influyentes del planeta.Dos semanas después del terremoto global que produjo su victoria, y a poco menos de dos meses de que se instale en la Casa Blanca, Donald Trump parece contradecir otra vez a quienes le auguraban un espacio mucho más acotado como mandatario electo que el que tenía en su estudiado papel de "candidato antisistema". Halcones y "neocons" Al menos ello se desprende de los nombres iniciales que dio para integrar su futura administración, en sintonía con discursos proselitistas. Tal es el caso de la tríada formada por Jeff Sessions, Mike Pompeo y Michael Flynn.Sessions, senador por Alabama de 69 años, con dos décadas en la política de Washington y quien será el próximo fiscal general si el Senado lo confirma, es conocido por su rechazo a cualquier tipo de migración, sus comentarios racistas o su desdén por el impacto del cambio climático.Pompeo, de 52 años, y representante de Kansas, exhibe en su hoja de vida un perfil ultraconservador como el del vice de Trump, Mike Pence, que lo liga al Tea Party. Contrario al cierre de Guantánamo o al acuerdo con Irán, es partidario de aplicar la tortura a prisioneros de guerra o por terrorismo. "Deberíamos hacerles algo peor que el ahogamiento simulado", dijo quien fue elegido por Trump para dirigir la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Pompeo, miembro de la Asociación Nacional del Rifle, pidió la pena de muerte para Edward Snowden, el extopo que abandonó la Agencia de Seguridad Nacional y, tras revelar su espionaje, se asiló en Moscú.Flynn, con 57 años y tres estrellas en su uniforme de general retirado, fue elegido como consejero de Seguridad Nacional, pero analistas estadounidenses sugieren que su papel excederá ese rótulo. Influyente en las posturas de Trump de bajar tensiones con China y Rusia para enfrentar al Estado Islámico, también ha sido fustigado por posiciones radicales. Considera que el islam es una ideología política disfrazada de religión y sugiere cerrar las puertas a quienes llegan desde naciones musulmanas.Los tres nombres anunciados encendieron alarmas entre defensores de derechos civiles, que ya habían alzado su voz ante el papel conferido a Steve Bannon, estratega clave del gobernante electo, que encarna el pensamiento de los supremacistas blancos. Promesas de campaña Más allá de posibles funcionarios, Trump anunció algunas medidas para sus primeros 100 días en el Despacho Oval. Apenas juramentado, se propone sacar a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico (TPP), cumpliendo una promesa de campaña. También insistió en que habrá deportaciones, aunque su número haya bajado de 11 a dos o tres millones. Como "cambio" de postura, apenas podría citarse que no buscará encarcelar a Hillary ni eliminar, por ahora, el Obamacare .Y mientras el sucesor de Barack Obama adelanta pinceladas de su futuro Gobierno, al otro lado del Atlántico Francia busca candidatos para impedir que la ultraderecha de Marine Le Pen y su Frente Nacional lleguen al Elíseo, y la alemana Angela Merkel confirma que irá por su tercera reelección en 2017. La canciller sabe que quizá requiera otra gran coalición con los socialdemócratas para resistir la ola de xenofobia y aislacionismo que ya se impuso en el referéndum del "Brexit", en América del Norte y en lands de su propio país.Eso sí, Merkel aclara que no se imagina a sí misma como la última defensa del Occidente liberal que muchos esperan que sea.