El convento romano que se adelantó a Francisco
La parroquia de Ripa Grande hospeda desde hace tres años a refugiados llegados a Italia en situaciones límite.
El papa Francisco instó la semana pasada a que los religiosos abran los conventos vacíos a los refugiados, en lugar de convertirlos en hoteles. Los frailes de la parroquia y convento de Ripa Grande, situada en la plaza de San Francisco de Asís de Roma, habían puesto en marcha la iniciativa hace tiempo.
“Esperamos la visita del papa Francisco a nuestro convento”, indicó el párroco y guardián de la comunidad de franciscanos, el padre Stefano.
En cuanto escucharon las palabras del Papa, los frailes enviaron una carta al Pontífice para comunicarle el proyecto que ya estaba en marcha e invitarlo a una visita.
En estos momentos se hospedan en el convento 11 refugiados, a quienes los frailes ofrecen comida y alojamiento y también ayudan a recuperar “la esperanza y las ganas de vivir”.
Con la ayuda de otras asociaciones religiosas y laicas, la parroquia conventual promueve la reinserción en la sociedad de estos refugiados.
“Muchos de ellos encuentran trabajo, estudian el idioma en la escuela y llegan a ir a la universidad”, añade el padre Stefano.
La estancia en el convento normalmente dura hasta cinco meses, breve periodo de tiempo en el que difícilmente los recién llegados pueden encontrar trabajo. Por eso en algunos casos la estancia se puede prolongar.
Es el caso de, Jonny Tsegaye, de 30 años, que llegó a Italia hace cinco años desde Etiopía. Encontró trabajo en el sector de la limpieza pero tras perderlo decidió pedir ayuda en el convento de Ripa Grande, donde vive desde hace ocho meses y estudia.
O el caso del peruano Rider Sardón, de 43 años, alojado desde febrero en el convento, donde cumple la última fase de arresto domiciliario por un caso de tráfico de drogas del cual dice que no es culpable.

