El caso Urdangarín: la obcecación de una imputada
La infanta Cristina cerró filas con su marido, interpretando la estrategia de aislamiento como una injusta condena por adelantado.
Durante mucho tiempo, Cristina de Borbón fue la imagen de la modernidad de la Corona. La primera mujer de la Monarquía con título universitario, en Ciencias Políticas; la que en 1991 prometía casarse por amor con un hombre 'sencillo'; la que en 1992 compartía piso en Barcelona con una amiga del mundo de la vela, y la que en 1993 empezó a trabajar en La Caixa con 1.200 euros al mes de sueldo. El miembro más independiente de la familia real también era una de los más queridos. El día en que se casó con Iñaki Urdangarín en Barcelona 200 mil personas salieron a la calle a aplaudirles. Era octubre de 1997. Quince años después, ante 'la indignación popular', el Ayuntamiento de Palma de Mallorca, del PP, decidió retirarles la calle que les habían concedido en los días de popularidad: La Rambla de los duques de Palma pasó a llamarse, simplemente, La Rambla. El título de duquesa había sido el regalo de boda de su padre, el Rey Juan Carlos. El destino de la Infanta, antes tan solicitada para acudir a actos públicos y representar a la Corona, empezó a torcerse el mismo día en que el yerno perfecto empezó a convertirse en un hombre tóxico. El día en que doña Cristina cerró filas con su marido. Se habían conocido en el verano de 1996, en un acto organizado por el Comité Olímpico Español, y anunciaron su compromiso el 30 de abril de 1997, tras nueve meses de relación. Por aquel entonces, doña Cristina ganaba 200 mil pesetas (1.202 euros) al mes en La Caixa, y Urdangarín tenía una ficha de diez millones de pesetas (60.101 euros) al año como jugador de balonmano del Barcelona. El inminente yerno del Rey estaba terminando Empresariales, tenía 30 años, y parecía preocupado por encontrar trabajo. 'Ya sé que será duro', decía a El País. Pero su tren de vida empezó a subir exponencialmente. Tanto, que en 2004 se compraron, con un préstamo de La Caixa y otro de Don Juan Carlos, un palacete en un exclusivo barrio barcelonés. Costó seis millones de euros y en su reforma aseguran haber invertido otros tres. ¿Qué pasó entre aquella preocupación por llegar a fin de mes y el palacete? Urdangarín cursó un master en Esade y conoció a Diego Torres, el hombre que ha arrastrado a la Infanta al juzgado. Furioso porque el abogado de Urdangarín se opuso en marzo de 2012 a que se levantara la imputación a su esposa, Ana María Tejeiro, el exsocio descargó sobre el matrimonio una montaña de correos electrónicos comprometedores. Ninguno logró que Cristina se distancie de su marido. La infanta nunca planteó ni ofreció a la Corona su divorcio o la renuncia a sus derechos en la línea de sucesión al trono, pese a que la instrucción del caso Nóos mostraba, encuesta a encuesta, que estaba haciendo estragos en la imagen de la monarquía. La institución logró remontar con una petición de disculpas ante las cámaras el bache de popularidad que abrió la inoportuna cacería del rey Juan Carlos en Botsuana, pero nunca ha recuperado el nivel previo al estallido del caso Urdangarín, que derivó en el caso Cristina de Borbón.

