EE.UU. y Cuba, por qué así y por qué ahora
Tuvieron que pasar 53 años para que alguien, Barack Obama, decidiera que la situación era insostenible y no conducía a ninguna parte, salvo al fortalecimiento del régimen de los Castro.
Terminamos una semana histórica por un anuncio que no por esperado deja de resultar impactante: Estados Unidos y Cuba acordaron normalizar relaciones diplomáticas y económicas. Tuvieron que pasar 53 años para que alguien, Barack Obama, decidiera que la situación era insostenible y no conducía a ninguna parte, salvo al fortalecimiento del régimen de los Castro.Pero esto no significa el fin del embargo por parte de Estados Unidos ni el comienzo de una apertura democrática en la isla.Para lo primero hace falta una acción sostenida del Congreso que habrá que ver cómo se maneja, dada la supremacía de los republicanos en ambas cámaras. Estos son teóricamente más refractarios a la idea de derogar las leyes del bloqueo, pero son siempre los primeros en la fila cuando de negocios se trata. Y como los republicanos cubano-estadounidenses que aparecieron en todos los medios esta semana advirtiendo sobre los supuestos peligros del acercamiento son fuertes en Florida pero no en el resto del país, será interesante ver la evolución de este movimiento.Para lo segundo se necesita de la voluntad de Raúl y Fidel Castro, para lo cual haría falta más presión internacional, sobre todo latinoamericana. Es que los países de la región han sido excelentes amigos del régimen cubano, pero no así de su pueblo. ¿Por qué ocurre esto? Del lado estadounidense es conocido: Barack Obama, libre de presiones electorales, puede afrontar el riesgo de tomar medidas que le habrían generado un enorme desgaste en el Parlamento y que habrían terminado en la nada. El plan de salud Obamacare, por ejemplo, resultó en una versión descafeinada del proyecto original, muy lejos de la cobertura universal a la que se apuntaba en un principio.El presidente sabe que solamente con este hecho pasa a la historia. Para sorpresa de propios y extraños, la muy polarizada sociedad estadounidense se revela en las encuestas mayoritariamente favorable a esta medida, lo que revela que el lobby cubano-estadounidense pierde predicamento.El cambio generacional trae nuevas ideas contra el empecinamiento del bloqueo.Del lado cubano, porque las reformas económicas impulsadas por Raúl Castro, tales como la autorización para comprar y vender viviendas bajo determinadas condiciones, permitir algún tipo de negocios por cuenta propia y flexibilizar las condiciones para las inversiones extranjeras, no dieron los resultados esperados.El salario mensual sigue siendo bajísimo, equivalente a unos 15 dólares. Los jubilados no llegan a 10 dólares, pero un policía puede cobrar 150 dólares al mes.La ayuda del principal aliado externo, Venezuela, no alcanza; menos ahora, con el precio del petróleo en baja. Rusia tampoco está pasando un buen momento y China puede resultar un socio demasiado demandante.Se suma a esto que cada vez cuesta más mantener aislada e incomunicada a la ciudadanía.En territorio cubano, si bien no existe un acceso libre e ilimitado a Internet, la información del exterior llega a través de tarjetas de memoria y pendrives.El incremento en el intercambio humano que se ha dado por diferentes medidas tomadas en La Habana y Washington ha generado más conocimiento adentro y afuera de Cuba de lo que pasa en realidad en la isla. Alguna luz de alerta debe haberse encendido en alguna parte.A su vez, los disidentes han hecho escuchar su voz y aún en países como el nuestro, donde los cuestionamientos a la Revolución Cubana son una especie de tabú, se empieza a prestarles atención. ¿Por qué ocurrió ahora? En Estados Unidos, además de los factores que apuntamos más arriba, pesó el lobby de vastos sectores industriales, agrícolas y comerciales que pierden ingentes cantidades de dinero por tener el mercado cubano cerrado. Los exportadores de cereales, por ejemplo, fueron especialmente persistentes en su reclamo. En cambio, españoles, italianos, canadienses y hasta brasileños fueron avanzando de diferentes maneras en Cuba. Javier Corrales, politólogo del Amherst College de Massachussets, sostiene que para llegar a esta instancia, Raúl Castro debió llevar a cabo una limpieza política en las jerarquías militares y civiles de la nomenklatura cubana.En el caso del Partido Comunista cubano, Raúl ha tenido que purgarlo de elementos extremadamente dogmáticos para darle un carácter más pragmático, más "raulista" que "fidelista".En cuanto a los militares, la otra pata que sostiene a la dictadura, Raúl siempre fue quien determinó nombramientos, movimientos y relevos; así pudo moldear a sus cuadros en un perfil más afín a los negocios.Según Corrales, todo esto en conjunto le hace pensar a Raúl Castro que tiene una base política suficientemente fuerte como para generar cambios económicos que la isla necesita desesperadamente, sin necesidad de asociarlos a una apertura democrática. Al estilo chino. Justo lo que no quiere Estados Unidos, que reclama una plena apertura democrática, además de económica.A diferencia de lo que sucede en China, con una cultura, un idioma y, sobre todo, un tamaño tan diferente al resto del mundo, Cuba no puede mantenerse hermética a las influencias políticas del exterior.El gobierno de Obama estima que el intercambio económico, académico y humano obrará el milagro de una apertura democrática.Sería lo lógico; porque si una dictadura es inadmisible para nosotros, ¿por qué deberían aceptarla los cubanos?

