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Dos tardías gotas de justicia por el genocidio camboyano

Todavía retumban en la memoria colectiva las ejecuciones sumarias, las reclusiones en campos de trabajo, el cierre de escuelas y hospitales, las hambrunas y la anulación de la individualidad que acabaron con la cuarta parte de la población del país entre 1975 y 1979.

16 de agosto de 2014 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Dos tardías gotas de justicia por el genocidio camboyano

Es ingenuo pensar que dos condenas que llegan con casi tres décadas de demora cicatrizarán esas profundas y aún abiertas heridas que infligió el Jemer Rojo a los camboyanos. Las casi dos millones de muertes que dejó el régimen de terror de Pol Pot en los ’70 no se borrarán con el plumazo de un juez. Todavía retumban en la memoria colectiva las ejecuciones sumarias, las reclusiones en campos de trabajo, el cierre de escuelas y hospitales, las hambrunas y la anulación de la individualidad que acabaron con la cuarta parte de la población del país entre 1975 y 1979.

Sin embargo, la cadena perpetua dictada contra dos de los máximos líderes de aquel atroz experimento de una sociedad agraria sin clases tal vez lleve algo de alivio al empobrecido pueblo camboyano, en el que todavía conviven víctimas y verdugos.

Hace unos días, un tribunal respaldado por la ONU condenó a Khieu Samphan, de 83 años y exjefe de Estado del régimen, y a Nuon Chea, de 88 años y principal ideólogo del Jemer Rojo, considerado el “número dos” del régimen.

Fueron acusados por “exterminio que abarca asesinato, persecución política y otros actos inhumanos que comprenden el traslado forzoso, las desapariciones forzadas y atentados contra la dignidad humana”, indica el fallo, que fue escuchado por cientos de personas que viajaron a la capital, Phnom Penh, para asistir al histórico proceso.

La Justicia camboyana calificó la condena como un “claro hito”, aunque nada dijo sobre la lentitud del proceso. Es que el juicio se inició en 2011 contra cuatro altos dirigentes del Jemer Rojo, pero en el camino quedó el excanciller de régimen, muerto el año pasado, mientras que su esposa, exministra de Asuntos Sociales, fue considerada no apta para ser juzgada debido a demencia en 2012. Pol Pot y Ta Mok, principales cabecillas, murieron tiempo atrás sin rendir cuentas.

Tampoco se dijo nada sobre los enormes gastos que implican los juicios. Las Cámaras Extraordinarias de los Tribunales de Camboya, compuestas por juristas camboyanos e internacionales, iniciaron sus operaciones en 2006 y gastaron más de 200 millones de dólares. Sin embargo, sólo habían condenado antes a una persona, el director de la infame prisión de Tuol Sleng, quien recibió perpetua en 2011.

Detrás de la lentitud de la Justicia está el gobierno, que entorpeció las cosas para impedir que muchos de sus miembros sean salpicados. Es una rareza el político que no haya formado parte del Jemer Rojo. Incluso el primer ministro, Hun Sen, fue un cargo medio del sanguinario régimen, pero desertó a Vietnam antes de la caída de Pol Pot, regresó como líder rebelde en medio de la invasión vietnamita que derrocó a los jemeres y se mantiene en el gobierno desde 1985, lo que lo convierte en el primer ministro con más tiempo en el poder del planeta.

Hun Sen seguramente esperaba que el infalible tiempo triunfara ante las lerdas leyes humanas, pero a veces la justicia se cuela por un resquicio, se arrastra por oscuridades cavernosas durante años y sale a la superficie cuando ya casi nadie la espera.