Domingo de Ramos y mate con Francisco
En el iniciode la Semana Santa, el Papa instó a los católicos a preguntarse si llevan una vida como la de Judas, el traidor, o como las de la Virgen María y José. El Pontífice volvió a dejar de lado, en su mensaje y en su contacto con fieles, fórmulas acartonadas del Vaticano.
Ciudad del Vaticano. El papa Francisco instó ayer a los católicos, a preguntarse si son traidores como Judas o si aman a Dios como José, en la misa del Domingo de Ramos, jornada con la que dio ayer comienzo a los ritos de la Semana Santa en Roma. "¿Quién soy yo?, ¿soy como Judas el traidor?, ¿cómo los soldados que se burlaban de Cristo?, ¿o soy como la Virgen María, que sufría el calvario de Jesús en silencio?, ¿como José que portó con amor el cuerpo de Jesús hasta la sepultura?", les preguntó a miles de fieles el pontífice argentino.Vestido con ornamentos rojos, el Papa salió de la basílica vaticana y se acercó, en su papamóvil, hasta el centro de la plaza, donde se encuentra el obelisco de Sixto V, de 25 metros de alto. Lo hizo, al son de cánticos de "Hossanna" y portando un báculo pastoral de madera de olivo, con una cruz en la parte superior, que le regalaron los presos de la cárcel italiana de San Remo. Miles de flores, palmas y ramas de olivos, traídos para la ocasión desde la región de Apulia (sureste de Italia), adornaron la colmada Plaza San Pedro del Vaticano."La procesión festiva con ramos de olivo ha dado nombre a este domingo que abre la Semana Santa. La liturgia lo llama también 'Domingo de Pasión'. Dos nombres que expresan los dos aspectos de hoy: la fiesta y la cruz que se perfila en el horizonte", explicó en su mensaje Jorge Bergoglio.Luego prosiguió la lectura del Evangelio de Lucas, que narra la llegada de Jesús a Jerusalén, tras la cual los sacerdotes y cardenales de la plaza se dirigieron en procesión hacia el altar mayor. El Papa cerró esta procesión portando en sus manos una palma, de dos metros de altura, trenzada con tres ramas que simbolizaban la Santísima Trinidad.Después de la lectura de la Pasión de Jesús según San Mateo, que cuenta el camino de Jesús a la Cruz, el Pontífice instó a los fieles, emocionados a preguntarse si son traidores como Judas o aman a Jesús como José y la Virgen María.Francisco volvió a sorprender a los fieles cuando ignoró la homilía que tenía preparada e improvisó por completo. Después, se apartaría una vez más de las prácticas del Vaticano cuando bajó del papamóvil para posar en " selfies " con jóvenes de la multitud.El Papa pidió a todos, incluido él mismo, mirar en el corazón para ver cómo están viviendo sus vidas. "¿Mi vida se ha quedado dormida?", interrogó el Pontífice tras la lectura que aludía a cómo los discípulos de Jesús se quedaron dormidos poco antes de ser traicionado por Judas antes de su crucifixión. "¿Soy como Poncio Pilato, quien al ver que la situación es difícil, se lava las manos?"."Que estas preguntas los acompañen durante toda la Semana Santa", les dijo.Fueron cerca de dos horas de catequesis a las que continuó el tradicional rezo del Ángelus dominical, que Francisco dedicó ayer a los jóvenes católicos de todo el mundo.
“Selfies” con jóvenes
Francisco alabó la labor del papa Juan Pablo II, impulsor de las Jornadas Mundiales de la Juventud, quien será canonizado, junto al papa Juan XXIII, el próximo 27 de abril.
“El papa Juan Pablo II, que fue el impulsor de estas jornadas, se convertirá en su gran patrón, y continuará siendo para todos los jóvenes del mundo, un padre y un amigo”, afirmó.
Tras sus palabras, se produjo la entrega de la inmensa Cruz de los Jóvenes, por parte de un grupo proveniente de Río de Janeiro a otro de Cracovia.
Al término de su alocución, Francisco se despojó de sus ropajes rojos y descendió del altar mayor para saludar a los cardenales, llegados de Cracovia.
Antes de recorrer la plaza con su papamóvil para saludar y bendecir a los fieles, Francisco atendió a los miles de jóvenes brasileños y polacos que coreaban su nombre y con los que se hizo algunas fotos. Las “
selfies
” volvieron a mostrar al pontífice desacartonado que se ha ganado simpatías en todo el mundo.
Por último, Francisco saludó y bendijo a quienes gritaban emocionados y levantaban sus manos hacia el Papa, quien hasta tuvo tiempo para tomar un mate en medio de la plaza.

