Dolor y alegato político en el último adiós de Lula a su mujer
El expresidente fustigó a quienes lo acusaron a él y a su esposa de corrupción pasiva. “Marisa murió triste por los canallas, la imbecilidad y las maldades que le hicieron”, dijo.
San Pablo. El velorio de Marisa Letícia Rocco, la mujer de Luiz Inácio Lula da Silva, fue una ceremonia triste. Pero también, más allá de los sentimientos de pérdida y congoja, tuvo un tono profundamente político.
“Doña Marisa”, como se la conocía en Brasil, falleció el viernes a los 66 años. La ex primera dama estaba en situación de muerte cerebral desde el jueves en el Hospital Sirio-Libanés de San Pablo, después de haber sido internada el 24 de enero debido a un derrame cerebral, sufrido por la ruptura de un aneurisma.
Buena parte de la clase política brasileña se acercó el sábado al velorio, en el sindicato de los metalúrgicos del ABC, en Sao Bernardo do Campo, una región industrial del estado de San Pablo.
Entre ellos, estaban Dilma Rousseff, expresidenta y correligionaria de Lula en el Partido de los Trabajadores (PT), así como otras figuras públicas del país.
Antes de la muerte de Marisa, pero cuando su situación ya se pronosticaba irreversible, dos rivales políticos de Lula habían visitado al exlíder sindical en el hospital, provocando la primera “lectura política” de la situación.
Las visitas de Michel Temer, actual mandatario de Brasil, y Fernando Henrique Cardoso, quien estuvo al frente del Ejecutivo entre 1995 y 2002, fueron vistas como una “tregua”.
Desde que Rousseff fuera destituida en agosto, la relación del expresidente y de todo el PT con los partidos que apoyaron el impeachment , se deterioró cada vez más. Por eso, los gestos de condolencias de Temer, del centroderechista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y de Cardoso, del también centroderechista Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) para con Lula, fueron un respiro para una nación sumida en una profunda crisis de representación política.
Reivindicación y reclamo
La megacausa de corrupción conocida como Lava Jato, en la que se investiga a prácticamente toda la clase política por casos de soborno y tráfico de influencias, es una de las razones del descrédito de los dirigentes brasileños.
Lula, uno de los investigados en el caso, utilizó el velorio de su mujer para enviar un mensaje claro y directo relativo a su situación. Una vez terminada la ceremonia fúnebre, y antes de la cremación del cuerpo de su mujer, el expresidente dijo, rodeado de una multitud: “Marisa murió triste por los canallas, la imbecilidad y las maldades que le hicieron”.
“Tengo 71 años y voy a vivir mucho, espero, y quiero lograr que los matones que dijeron liviandades de Marisa tengan la humildad de pedirle disculpas”, afirmó.
Y luego, manifestó: “Si alguien tiene miedo de ir preso, quiero decir que este que está enterrando a su mujer no es. No soy yo quien tiene que probar que soy inocente: son ellos que tienen que probar las mentiras que dicen. Querida, Marisa, descansa en paz porque tu ‘Lulita paz y amor’ va a continuar peleando mucho”.
En los últimos meses, la imagen de Marisa había resultado también afectada por las investigaciones del Lava Jato. La ex primera dama estaba imputada, junto con su esposo, por corrupción pasiva y lavado de dinero. La Justicia considera que la pareja aceptó de una empresa constructora un departamento renovado en el litoral paulista, a cambio de un trato de favor para esa compañía en sus negocios con Petrobras.
Lula irá pronto a juicio como acusado. Pese a ello, ha sugerido que podría presentarse a las elecciones de 2018. Varias encuestas, incluso, lo dan como favorito.

