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Dilma recupera su espacio

Seis meses atrás, Brasil era escenario de violentas protestas y la popularidad de la presidenta caía abruptamente. Hoy, no sólo retomó el liderazgo, sino que podría ganar en primera vuelta.

01 de diciembre de 2013 a las 02:34 p. m.
Redacción La Voz
Dilma recupera su espacio

En julio de este año, apenas cinco meses atrás, centenares de miles de personas copaban las calles de distintas ciudades de Brasil para protestar contra los deficientes servicios públicos y la corrupción de la clase política.

Fueron las manifestaciones más populosas en la historia reciente de nuestro vecino, y también las más violentas, tanto por la presencia de grupos antisistema infiltrados como por la represión policial.

Las noticias de semanas y meses anteriores habían dado cuenta del clima que se vivía y que había generado la protesta: creciente malestar por el ineficiente sistema sanitario, particularmente debido a las muertes por falta de atención de pacientes en salas de espera o en colas, fuera de los hospitales; reclamos por las deficiencias de la educación pública, principal caldo de cultivo de la desigualdad; hartazgo por la violencia y la corrupción, agravado por los enormes gastos que demanda la organización del Campeonato Mundial de Fútbol de 2014.

Ya se sabía entonces que el presupuesto inicial para las obras necesarias para el Mundial (mil millones de dólares) se había triplicado. Peor aún, esta semana se conoció que el gasto final será superior al de los dos últimos mundiales juntos, el de Alemania y el de Sudáfrica.

Parecía que el país se incendiaba; que el milagro brasileño que había llevado a más de 30 millones de personas de la clase baja a la clase media hacía agua indefectiblemente.

Sin embargo, antes de que termine el año de esas inquietantes manifestaciones, la presidenta Dilma Rousseff cuenta con un alto nivel de popularidad. No alcanza todavía los niveles previos a las protestas; pero, según Ibope, si las elecciones se realizaran hoy, podría ganar en primera vuelta.

Sorpresa y reacción

Lo que sucedió a mitad de este año fue que las protestas sorprendieron al gobierno, que luego de ese impacto inicial pudo retomar el liderazgo político. Fue vital para que esto ocurriera la forma en que Rousseff comunicó cómo recibía el reclamo.

Lo primero que dijo fue que había que escuchar la voz de las calles. Lejos de denunciar conspiraciones o señalar enemigos, remarcó su convicción de que los grupos violentos no alcanzaban para invalidar la legitimidad de las protestas de la mayoría de los manifestantes.

En una entrevista publicada el viernes pasado en El País de Madrid, Rousseff resumió así el esquema del conflicto y la razón de su primera e inmediata respuesta:

“Primero: las personas, cuando tienen democracia, quieren más democracia. Cuando tienen inclusión social, quieren más inclusión social. O sea, que en política y en la acción de gobierno, cuando obtienes una meta, sólo es el principio. Salir de la miseria sólo es el principio. Es el principio de otras reivindicaciones. Eso es lo que las protestas muestran. Segundo: un gobierno tiene que escuchar la voz de las calles. Un gobierno no puede quedarse aislado, escuchándose a sí mismo. Ser capaz de convivir con manifestaciones es intrínseco a la democracia”.

Inmediatamente después de las protestas, se dieron respuestas que resultaron satisfactorias. Se anunciaron acciones que ya comenzaron a ejecutarse: el plan Más Médicos, el proyecto de reforma política, que deberá debatir el Congreso, y el Pacto de Responsabilidad Fiscal (por el cual todos los partidos se comprometen a no aprobar leyes que impliquen aumento del gasto o la reducción del ingreso), además de otras iniciativas referidas a educación y transporte.

No obstante, hay dudas que persisten.

No ha cambiado la enormidad del presupuesto para el Mundial ni las sospechas de corrupción en todo lo que lo rodea. La caída de parte del techo del estadio Arena Corinthians (que mató a dos obreros), en San Pablo, reavivó la discusión sobre esto.

Respecto de la corrupción, hay decenas de políticos presos por el mensalão y otros casos, pero también hay varios condenados que siguen libres y no han renunciado a sus cargos y privilegios. Además, la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp) estimó el viernes que la corrupción mueve un volumen de dinero que va del 1,3 al 2,3 por ciento del producto interno bruto. Solamente el mensalão implicó el desvío de 43 millones de dólares de los contribuyentes para pagar favores políticos.

El plan Más Médicos, que apuntaba a equilibrar la distribución de los médicos en el territorio nacional, ha sido muy cuestionado. Por un lado, la contratación de cuatro mil médicos cubanos ha generado resistencia de los médicos brasileños. Por el otro, informes periodísticos aseguran que la mejora salarial para reubicar médicos en zonas marginales, tanto urbanas como rurales, no ha dado el resultado esperado. En este sentido, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (Ibge) indicó, además, que sólo en el sudeste del país (la zona más rica) se alcanzó la meta de 2,6 médicos cada mil habitantes.

Los “ni-ni”

Otra cara de la realidad es la que explica el mismo Ibge, que asegura que 9,6 millones jóvenes de 15 a 29 años no estudian ni trabajan. Como en Argentina, los “ni-ni” brasileños son en su mayoría mujeres (70 por ciento), muchas de ellas con hijos.

La cifra corresponde al 20 por ciento del total de brasileños de esa franja etaria. El índice entre los 18 y 24 años es aún más alto: 23 por ciento no estudia ni trabaja. La zona donde estos indicadores alcanzan los valores más altos es el Nordeste.

Por esto, y a pesar de las innegables mejoras, la deuda social en Brasil sigue siendo enorme. Es un problema estructural sobre el que trabajaron los gobiernos de Lula, principalmente, pero también el de Fernando Henrique Cardoso.

El peso de las injusticias históricas es muy grande y el costo no se paga de un día para otro.