La difícil tarea de humanizar a los candidatos
En años electorales,las primeras damas deben estar listas para exposición y contacto con la gente.
Washington. Las primeras damas estadounidenses cumplen un rol generalmente silencioso y marcado por el bajo perfil, hasta que llega la época electoral y todo cambia, para convertirlas en protagonistas y principales encargadas de resaltar el costado humano de los candidatos presidenciales.
En líneas generales, el papel que cumplen estas mujeres está enmarcado en tres funciones: ser las anfitrionas de la Casa Blanca, llevar adelante iniciativas de apoyo social y jugar un rol político que no afecte las actividades de sus maridos.
Sin embargo, en los años electorales deben estar listas para la exposición y el contacto con el público y para llevar adelante su tarea más importante: humanizar al candidato.
Pero no hace mucho tiempo atrás comenzaron también a llevar adelante eventos para juntar fondos de manera paralela a las actividades de sus maridos y contribuir a los esfuerzos de sus campañas.
“Eso de que las primeras damas recauden fondos es relativamente nuevo, surgió en 1992 con Hillary Clinton”, comenta Myra Gutin, experta de la Universidad Rider. A partir de entonces, Laura Bush y Michelle Obama siguieron la tradición.
Pasaron a ocupar una posición para la cual no fueron elegidas por los ciudadanos, que no es remunerada y que además está expuesta al continuo escrutinio popular.
Así, bajo este cargo oficial pero silencioso, las primeras damas deben además cumplir una “regla de oro: no ser controversial”, resalta Robert Watson, especialista en el tema y profesor de la Universidad de Lynn.
Así lo hizo Michelle Obama en 2008 y así es como en estas elecciones lo viene haciendo Ann Romney, la esposa del candidato republicano.
Pero mientras “la gente se identifica con Michelle Obama por ser de una familia de clase media de Chicago, muy inteligente y exitosa y que terminó en la Universidad de Princeton, no estoy tan segura que ocurra lo mismo si Ann Romney fuera primera dama”, explica Myra Gutin.

